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A la vuelta del verano, la gran pregunta es cómo reaccionarán los banqueros centrales a las turbulencias en los mercados.
La tormenta financiera de agosto ha sido menos dramática en las economías desarrolladas que en emergentes, pero el contagio está ahí y las implicaciones de este episodio inacabado están por ver todavía. Por ello, en los foros donde se están tomando actualmente decisiones de política económica ha imperado la cautela.
En años anteriores, el famoso simposio de Jackson Hole ha servido para adelantar estrategias monetarias. Este año, en el que el debate académico giró en torno a los determinantes de la inflación y ante la ausencia de Yellen y Draghi, los asistentes trataron de dar un mensaje de continuidad. Sin pretender obviar la importancia de la reciente volatilidad financiera, la Fed y, sobre todo, el Banco de Inglaterra, han mostrado su deseo de seguir adelante e iniciar, de una vez por todas, la subida de tipos. Más importante aún, han insistido sobre el gradualismo. Esta estrategia parece incluso aceptada por destacados representantes de países emergentes, aun a sabiendas de que ello se traducirá en un encarecimiento de sus condiciones de financiación, con el argumento de que es un evento largamente anticipado y quizá es preferible sacar del tablero de una vez por todas esta pieza de incertidumbre. En pocos días veremos por donde se decanta la Fed.
La semana pasada, Draghi inauguró el curso y no desperdició su oportunidad. En respuesta al entorno de mayor incertidumbre y tras presentar una revisión a la baja de las previsiones económicas, el BCE flexibilizó el vigente programa de compra de bonos públicos elevando el porcentaje máximo de bonos de cada emisión que puede comprar el BCE. En sentido estricto, este pequeño ajuste no altera el actual programa pero, como señal, tiene valor: refuerza el compromiso con el programa, así como el deseo y disponibilidad de hacer más, si hiciera falta.
Se avecina un otoño entretenido. Las decisiones de los bancos centrales son muy relevantes; pero sin duda, el escenario global y los mercados dependen de lo que pase en los países emergentes y, particularmente en China.
* Economista de BBVA Research.