¿Chantaje Minero?

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Santiago Ortega Arango*

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir al lanzamiento de las propuestas sobre energía y minería de German Vargas Lleras. En menos de una hora pasé de estar tentado a votar por él a tomar la decisión de definitivamente no darle mi voto.

Mi foco de trabajo es la energía eléctrica y sabía que el candidato está bien asesorado sobre los cambios que el sector eléctrico necesita.  Cuando llegamos a la presentación, nos entregaron un cuadernillo donde estaban las ideas de la campaña que incluían incrementar gradualmente la inclusión de energías renovables y crearles un incentivo financiero de largo plazo. Además, planteaba hacer una revisión de la regulación y del rol de algunas entidades. Si bien las propuestas son algo conservadoras para mi gusto, son pasos en la dirección correcta y pensé que el candidato era una opción viable.

Pero eso cambió una hora después, cuando pude escuchar a Vargas Lleras en vivo, esta vez sobre temas mineros. La minería es necesaria para el funcionamiento de la sociedad y puede convertirse en un motor de desarrollo útil para Colombia. De hecho, Vargas Lleras plantea que es necesario tener minería para poder hacer las inversiones sociales que Colombia necesita, y en esto tiene algo de razón.

Hablar de minería en Colombia es complejo dado lo emocional y poco técnico que se ha tornado el debate. En general, cualquier proyecto se reduce al absurdo y se convierte en un dilema entre minería y agua o entre minería y ambiente. Por supuesto, no ayuda la inmensa cantidad de títulos mineros entregados irresponsablemente en zonas sensibles como Santurbán y el Río Apaporis, pero tampoco ayudan las posiciones radicales de muchos grupos ambientalistas que se oponen a lo que sea. Para complicar más las cosas, hay un limbo jurídico frente al alcance de las consultas populares para permitir o no el desarrollo de proyectos.

Aunque en el cuadernillo las propuestas parecían sensatas, al hablar Vargas Lleras ajustó su discurso a atacar de frente a las consultas mineras, generalizándolas y tachándolas de populistas y llenas de intereses oscuros. Con un discurso de derecha y muy centralista, un Vargas Lleras muy fiel a su estilo se alineó vehementemente con el gremio minero. Bajo el argumento que el subsuelo es del Estado, desestimó la validez de cualquier consulta popular.

Es verdad que las consultas mineras necesitan claridad institucional, pero Vargas Lleras llevó el ataque a otro nivel. Una de sus propuestas dice textualmente excluir de las regalías a los municipios que prohíban la actividad minera.

En ese momento perdió mi voto. La idea me sonó a un chantaje político poco digno de un presidente, además me generó un montón de preguntas sobre su visión de país. ¿Acaso la actividad extractiva es única forma válida de contribuir a la economía nacional? ¿Vale la pena que un municipio arriesgue su agroindustria o el turismo para priorizar una vocación económica elegida desde el Gobierno central? ¿Hasta dónde llega la autonomía de un municipio o departamento para decidir sobre su territorio? ¿Es siquiera constitucional esta propuesta?

Vargas Lleras cree que una aplanadora minera puede dar ingresos necesarios en el corto plazo, pero está desestimando el poder de la movilización social en contra. Al imponer un idea en vez de construirla conjuntamente, la resistencia de las personas, – sean ciudadanos, alcaldes, o líderes de opinión – puede hacer que los procesos de cualquier proyecto se retrasen por años.

Hoy en día, ganarse a la comunidad es una garantía para el avance de los proyectos y las empresas lo han empezado a entender.  No es gratuito que la mina de oro San Ramón en Santa Rosa de Osos (la única mina de metales preciosos que se ha construido en Colombia en los últimos 20 años) haya contado desde el principio con la comunidad y se haya construido en un municipio de vocación minera. Lo mismo puede decirse de megaproyectos como Hidroituango que, a pesar de sus inmensos impactos, han aprendido de los errores del pasado para generar mejores condiciones en el área de influencia y garantizar su ejecución.

Al terminar su presentación, Germán Vargas Lleras habló sobre el foro de medio ambiente y desarrollo sostenible que se realizó en la Universidad de los Andes, donde participaron todos los candidatos presidenciales, menos él. Se refirió al comentario de Manuel Rodriguez Becerra, que dijo que si Vargas Lleras hubiera sido invitado por el sector minero-energético, sí hubiera ido. Mirando a la audiencia de empresarios que lo escuchaban, agregó “¡Claro, aquí estoy!”.

A Vargas Lleras es necesario reconocerle que es el más experimentado de todos los candidatos, y el más juicioso a la hora de elaborar sus propuestas. Pero si sigue con las concepciones de desarrollo de hace 2 siglos, y es incapaz de ver que en estos tiempos los negocios y el medio ambiente van necesariamente juntos, no es el estadista que Colombia necesita.

*Profesor Asistente – Universidad EIA

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