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Chile, nuevo gobierno y reforma tributaria

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Chile tendrá un nuevo gobierno a contar de marzo de 2014. Michelle Bachelet no alcanza mayoría absoluta en primera vuelta, pero la composición del voto deja el camino abierto para que logre la presidencia el próximo 15 de diciembre.

La intención de Bachelet es realizar una reforma tributaria que aumente la recaudación en un 3% del PIB, de los cuales el 1% es para lograr convergencia a balance estructural, y el restante para gasto social. No es una “reformita” sino cambios importantes al sistema impositivo chileno, particularmente a nivel corporativo. Dentro de los ajustes que generarían mayor recaudación, se plantea incrementar el impuesto a las corporaciones desde el actual 20% a 25% (cercano al promedio OECD de 26%), pero más importante que aquello, se pasaría desde una base impositiva percibida a una devengada.

La propuesta contempla eliminar el beneficio a la reinversión de utilidades, permitiendo ampliar la base impositiva. Existe un impacto en términos de inversión. Sin embargo, existen mitigantes no despreciables. Por un lado, se rebajaría la tasa marginal máxima del impuesto a las personas y se permitiría la depreciación instantánea de los activos.

Por otro lado, debemos reconocer que las condiciones de escasez de capital de los años ochenta no están presentes hoy día. El interés y apetito de capitales tanto extranjeros como locales por invertir en Chile son indudables. Más aún, debemos detenernos en cuál es el objetivo de la mayor recaudación, crucial para realizar un juicio asertivo del costo neto de la reforma.

La mayor parte del 3% de recaudación sobre el PIB se utilizará para financiar mejor educación a nivel escolar y universitario. Esta es una iniciativa rentable en el largo plazo si se ejecuta adecuadamente. Es valioso que países en desarrollo estén apostando por tener educación que forme talentos.

El capital humano es la base del crecimiento estructural de largo plazo, la piedra angular para atraer capitales, flexibilizar el mercado laboral, apoyar la creación de un centro financiero regional, entre otras aspiraciones de una economía que se autocalifique como caminando al desarrollo. De ser exitoso, este paso nuevamente colocaría a Chile entre las economías emergentes con mejores perspectivas de crecimiento y desarrollo, asegurando crecimiento con equidad.

JORGE SELAIVE ** Economista jefe de BBVA Chile

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