Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Bastó un pequeño estornudo de la FED para que los emergentes temblaran. En algunos casos (India y Brasil) más bien valdría hablar de una pulmonía.
Sus monedas y riesgo país se han deteriorado considerablemente desde que la Reserva Federal señalizara una posible salida de su política ultraexpansiva el pasado mes de mayo.
El desplome de los emergentes resulta sorprendente si nos atenemos a su estabilidad macroeconómica, al enorme diferencial de crecimiento a su favor y a su limitado peso en los portafolios de inversión.
La pregunta, por tanto, es obvia: ¿Por qué este ensañamiento de los inversores con el mundo emergente? La respuesta se limita a una única palabra: complacencia.
La crisis de 2008 también golpeó a sus economías de manera violenta, pero en el mejor momento posible. Buena parte de ellas se encontraba en una posición fiscal y externa envidiable y con ausencia de burbujas.
También es cierto que reaccionaron con políticas expansivas para limitar el impacto de la crisis. China apenas se vio afectada, pero creó nuevos desequilibrios en su respuesta. Brasil e India también llevaron a cabo políticas expansivas, aunque con una posición de partida mucho peor. Un grupo de emergentes se vio beneficiado por el rápido y prolongado aumento de los precios de las materias primas.
La consecuencia natural del limitado impacto de la crisis en estas economías parece obvia. La complacencia empezó a adueñarse de sus autoridades. Mantuvieron políticas excesivamente laxas que reforzaron el empuje de las políticas de los bancos centrales desarrollados sobre los flujos de capital y los primeros atisbos de sobrecalentamiento y burbujas en distintos precios de los activos. Como consecuencia, algunas de ellas han perdido buena parte de su fortaleza inicial, por lo que tendrán que recuperarla rápidamente si no quieren ser abatidas por la nueva era de política monetaria en Occidente. Aún existe margen de acción y lo importante es reaccionar a tiempo. Los inversores han comenzado a mirar con lupa diferenciando entre ellas. No habrá café para todos como en 2008.
Alicia García Herrero *