Coronavirus: contagio mundializado, sociedades precarizadas

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Por: Olga L. González*

¿Alguien conoce la “gripa de Hong Kong”? Causó un millón de muertos. No fue hace un siglo, cuando la medicina moderna apenas arrancaba. Fue entre 1968 y 1970. En sólo Hong Kong infectó a 500 mil personas. En Estados Unidos mató a 50 mil personas en tres meses.

Al principio, la prensa no tomaba en serio esa gripa. La prensa francesa se burlaba, porque “sólo” se enfermaban los ingleses, así como en Colombia, hace un mes, se consideraba que el coronavirus era un problema de “país rico”. La de Hong Kong se considera la primera pandemia de la era moderna, en el sentido en que se propagó en muchos países del mundo, gracias a los viajeros internacionales.

Nadie se acuerda hoy de la primera pandemia moderna. ¿Por qué? ¿Qué cambios profundos ha habido en nuestras sociedades para que hoy más de media humanidad pida el confinamiento y no quede memoria de un evento similar que sucedió hace apenas 50 años, y que causó tantas víctimas?

Ha habido un cambio profundo. Se llama “mundialización”. El avance del virus hoy se esparce con la velocidad y densidad de los medios de transporte, como ya se ha comentado y vivido en aeropuertos internacionales. La mundialización de las comunicaciones ha jugado un rol también. Vivimos en directo y por anticipado decisiones y situaciones de países lejanos. En nuestras pantallas nos esperan noticias que  son como películas de anticipación de lo que vamos a vivir la semana entrante.

¿Pero estamos realmente mundializados? La similitud de las respuestas de los gobernantes y el reclamo de los pueblos del mundo por un mismo accionar, ¿son evidencia de qué? ¿Se basan en una homogeneidad real de las sociedades de cada país?

El virus ataca de la misma manera los organismos, pero no es, ni será recibido de la misma manera por las sociedades humanas. Se está volviendo un muy interesante revelador de las sociedades en las que vivimos. Nos hace dudar, nos muestra que no por interconectados somos iguales. En un plano sociológico, el coronavirus es un gran revelador de las disparidades y de la precariedad. Si el Covid ha matado esencialmente a gente mayor en Italia y España, hay una relación con el hecho de que son países con altos índices de vejez (factor demográfico). Pero no basta esta sola consideración: si mueren primero ellos, si no ingresan siquiera a reanimación, esto tiene relación con factores políticos. Si faltan equipos y camas y personal, es por decisiones políticas: los recortes a los sistemas de salud han sido la norma en estos países.

¿Qué pasará cuando el Covid llegue a países donde la (buena) atención en salud depende de la billetera del paciente? ¿Donde el recorte del gasto público ha sido un dogma que de manera “oportuna” le ha dado cabida al lucrativo negocio privado de la salud? Seguramente, van a morir muchos pobres, personas que no tienen forma de acceder a una cama ni a un tratamiento. Con el confinamiento, medida reclamada por amplios sectores, sucede otro tanto: no es lo mismo tener un seguro de desempleo en París a vivir en un barrio periférico de un país con altos niveles de pobreza, informalidad y conflicto social. Antes de declarado el confinamiento en Colombia, ya ha habido saqueos, especulación, violencia.

¿Qué lección sacar de todo esto? La mundialización llega por las pantallas y los terminales. La información tiende a alisarlo todo, pero no somos homogéneos. Hoy, cada país debe hacer frente con medidas adaptadas a su sociedad. Aunque deseable, en Colombia será muy difícil un confinamiento para amplias capas de la población. El confinamiento de las mayorías empobrecidas tiene como condición para su realización un sólido apoyo económico. En otros países, esta es la función del impuesto. ¿Tendrá Colombia que poner cientos de miles de muertos para entender que una sociedad más justa es garantía de su propia salud?

* Doctora en sociología, investigadora asociada de la Universidad de París

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