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La crisis financiera nos ha mostrado los efectos negativos que un excesivo endeudamiento del sector privado puede tener en la actividad. Sin embargo, debemos recordar los amplios beneficios que el acceso al crédito comporta para el desarrollo.
En los países emergentes el crédito representa todavía un porcentaje del PIB muy inferior al de los países desarrollados. Su rápido desarrollo desde principios de siglo, no ha venido acompañado de crecimientos incontrolados del crédito debido a varios motivos. En primer lugar, muchos de ellos se enfrentaron a un largo proceso de desapalancamiento durante casi una década tras sus crisis a finales de los noventa. En segundo lugar, sus sistemas financieros implementaron medidas para fortalecer su base de capital y se reforzó la supervisión.
Por último, sus políticas macroeconómicas son ahora mucho más efectivas y prudentes. Así, la mayoría de los bancos centrales han implementado objetivos directos de inflación, sus sistemas de tipo de cambio flexible son la norma y no la excepción, y el endeudamiento en moneda extranjera se ha limitado notablemente. Todo ello está permitiendo que los tipos de cambio actúen como amortiguadores de los shocks y no como amplificadores.
Pero la reducción de la vulnerabilidad viene acompañada de importantes factores de demanda que apoyan las necesidades de crédito para los próximos años. Los emergentes continuarán creciendo a un ritmo elevado debido a factores estructurales como un mayor dinamismo de la población, un fuerte proceso de urbanización y aglomeración en las grandes ciudades y el mantenimiento de la revolución de las clases medias. Todo ello contribuirá a mantener la expansión de su renta per cápita, factor clave en el desarrollo del crédito.
La profundización financiera se convierte así en una herramienta fundamental para asegurar o aumentar el desarrollo económico y reducir la desigualdad, especialmente en los países emergentes donde los niveles de ingreso per cápita son todavía bajos y las necesidades de inversión elevadas. Sus beneficios son evidentes. Se trata pues de la búsqueda de un crecimiento equilibrado del crédito, sin caer en la complacencia. Ni más, ni menos.
Álvaro Ortiz Vidal-Abarca** Economista jefe de Análisis Trasversal Economías Emergentes de BBVA Research