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Desde nuestro nacimiento estamos ligados a un cuerpo que, con el paso de los años, pareciera adormecerse. La cotidianidad y falta de conciencia nos hace verlo como obvio. Nos alejamos de lo que, como instrumento, nos regala. Es la puerta a un mundo interior que sólo sale a flote cuando se funde en la música y se transforma en movimiento.
Y es que el movimiento no sólo se experimenta en el cuerpo, fluye en cada sentimiento y respiración, es el que nos hace entender de dónde proviene nuestra energía vital.
Sin movimiento no hay danza, no hay entendimiento de lo que somos y de lo que nos rodea. Éste remueve y reactiva cada reflejo de nuestras experiencias condensándolas en cada célula de nuestro cuerpo. Cada instante en el que hay danza, hay vida, hay reconocimiento de nuestra existencia y fuerza para soportarla.
Danza nuestro cuerpo, danza nuestro ser, para en un instante ser. Es nuestro humilde cuerpo el que nos permite, no sólo llevarlo a su perfección estética, sino convertirlo en el instrumento de conexión entre toda la maraña de sensaciones y emociones que confluyen en lo profundo de nuestras entrañas. Darle paso al movimiento, junto a sonidos y silencios, que dan como resultado la libertad y serenidad del alma: logramos estar desnudos y reafirmar nuestras raíces, nuestra imperfecta perfección humana.
El espejo de lo que somos se nos revela en instantes únicos de sincronización entre respiración, resistencia, emociones, desplazamiento físico y en un alejamiento profundo del mundo exterior. Por medio de esta perfecta alineación se suspende el tiempo o, mejor, se unifica toda la existencia en ese momento en que nuestro cuerpo vibra, nuestros ojos apuntan a un lugar fijo en la nada para sujetarse de él y dar un nuevo giro, o un nuevo salto, que simplemente son la expresión de lo que algún día fuimos y olvidamos. El arte de danzar no es más que nuestra esencia manifestándose al mundo, mostrando sus matices reinventados, ofreciendo cada vez una pura versión humana, sin máscaras, sin engaños, sin obstáculos que le impidan a la sinceridad ser eje central de cada movimiento danzado desde el alma y para las almas.
*Bailarina