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De subidas y caídas en Brasil 2014 (I)

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¿Es posible la lucha armada el domingo del campeonato? Quizás fuera necesario realizar menos discusiones políticas y más sociología de los espectáculos circenses”. Umberto Eco.

Antes de que se extingan los últimos ecos del Mundial Brasil 2014, es menester —por afectos, negocios, miedos, pasiones, o por simple deseo— hacer balances y consideraciones finales que pueden ser iniciales para volver la mirada al Mundial de Sudáfrica y hacer comparativos (manía humana) con el de Brasil y proyecciones para Rusia 2018 (aunque algunos profetas han pronosticado que este evento mundial no se llevará a cabo porque llegó la guerra del agua y no habrá poder humano para tejer de nuevo el alma futbolística). Este Mundial le devolvió al fútbol colombiano la posibilidad de concebirlo como un arte de lo impensado (“fue gol de Yepes” se convirtió en un tatuaje-refrán) que hace catarsis y refresca la retina de los espectadores. El gol de James Rodríguez es muestra fehaciente en favor de este argumento. Es un gol del azar y de la estética de lo que no se ha premeditado. En definitiva, es un gol que se sale de la empresa del marketing. No sabemos cómo llegó Argentina a la final contra Alemania. Bueno, sí sabemos, pero no queremos aceptar que con ese juego haya llegado a esa instancia. A Brasil se le perdió el balón, la solidaridad, el arte, la pasión y jugó como novato, lleno de incertidumbres. Le faltó el jogo bonito. El 7-1, inesperado, increíble, utópico hasta que lo vivimos, es la denotación de que algo delicado acaece socialmente en este país. A los colombianos se nos olvidó que, en gran mayoría, somos hinchas de Brasil cuando Colombia no está. Esa tarde dolorosa para el organizador del torneo orbital se convirtió en una fecha trágica para sus héroes. Al mismo tiempo se jugaba otro Mundial: en cada gol que marcó Alemania las redes sociales hicieron burlas, sarcasmos, chistes y otras “curiosidades” parecidas, hasta el punto de que ya no se miraba el partido en la televisión pero se seguía el otro Mundial a través de las redes de la inmediatez. Brasil fue mofado hasta la saciedad. Se nos olvidó en 90 minutos que históricamente nuestros afectos estaban con los auriverdes y, qué pena decirlo, vi a algunas personas que estuvieron a punto de hacer el saludo obligado para el Führer. Dolorosa semiología de la pérdida de la memoria. Albert Camus escribió La caída, un texto que alude a la condición humana y a esa sensación inmediata de quien ve que se nace para morir y nada más. Igual acontece con el cuento La caída de la casa Usher, de Poe. A Brasil se le cayó su casa en su propia casa y eso es lo que queda como resultado tangible, pero hay lecciones que no se ven y esas, las invisibles, son las más relevantes, porque nos enfrentan con nosotros mismos. Hay más formación en la caída que en la construcción de la casa. No nos educan para el fracaso, sostiene el de Otraparte. 

Juan Carlos Rodas Montoya“

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