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De Wilson a Costas

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Hoy recuerdo algo que escribí a mediados del año pasado, en medio del dolor enorme y la incredulidad punzante por la derrota en la final del primer semestre de la Liga contra Nacional.

Algo de lo cual muchos se burlaron porque me decían que parecía que lo hubiera escrito como si Santa Fe hubiera ganado.

Recuerdo haber dicho entonces que “el equipo de Wilson” —con el título del 2012, la Superliga, una gran Copa Libertadores y aquella frustrante final— le había impuesto al Santa Fe una manera de jugar que duraría mucho tiempo y traería muchas alegrías, pasara lo que pasara con el técnico.

Recuerdo esa idea hoy, cuando es inevitable comparar los dos equipos, el de la séptima y este de la octava, más allá de que muchos de sus jugadores sean los mismos. ¿Es este Santa Fe una continuación de aquel del título de 2012 o es diferente?

Para mí, es una continuación de aquel. Lo cual, me parece, engrandece a Costas más que al mismo Wilson. Hay dos imágenes muy elocuentes del técnico campeón de 2014 que en el repaso también inevitable de este gran semestre me parecen muy relevantes:

Una, la más reciente, cuando le preguntan por la ubicación de Seijas y Arias en el primer juego de la final, y Costas responde que se había quedado sin alguien con perfil derecho, ante la ausencia de Anchico, pero recordaba que en el Santa Fe anterior, Arias había jugado por derecha y por eso entre los dos zurdos había decidido que Arias fuera por derecha. Costas no llegó a imponer su modelo preconcebido, sino a hacer más productivo el fútbol que ya jugaba Santa Fe.

La segunda imagen, que no creo que la olvide ningún hincha, fue aquella tarde en que Santa Fe ganaba con tranquilidad en Bogotá y el profe le pegó un tremendo regaño a Camilo, que alcanzamos a escuchar en la tribuna, porque demoró un saque de puerta para dejar pasar los minutos. Ese mismo día, por primera vez lo vimos saltando del desespero en la raya cuando el equipo tocaba el balón hacia atrás. Dos características de juego que hubieran sido perfectamente normales en el equipo de Wilson.

Sí, Costas le introdujo presión y dinámica al equipo, que le hacían falta. El de 2012 era un equipo quizás más predecible, pero también menos desordenado. Unas por otras.

En su esencia, sin embargo, el Santa Fe siguió jugando ese fútbol que Wilson impuso. Es sobre esa esencia que aquel Santa Fe que duró 37 años para volver a ser ganador de títulos y protagonista habitual de finales, tiene hoy todo para seguir estando ahí.

Gracias, Wilson. Gracias, Costas. Y, sobre todo, gracias presidente Pastrana por haber llevado este proceso. Que venga la novena, porque vendrá pronto.

* Fidel Cano Correa

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