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Dos veces al año, en abril y octubre, autoridades económicas se reúnen en Washington para repasar las perspectivas que presenta el Fondo Monetario Internacional (FMI).
En esta última reunión, el FMI destacó que si hay un momento para impulsar el gasto en inversión pública es este, y mejor si se hace con deuda. Este diagnóstico arranca del análisis de los errores cometidos por el propio FMI, que se explica en gran parte por el bajo crecimiento de la inversión.
Así, la recomendación del FMI para apuntalar esta débil recuperación es impulsar la inversión pública. Se aprovecharía la oportunidad única de financiación abundante y barata para los gobiernos y el bajo riesgo de expulsar la inversión privada. Un almuerzo “casi” gratis, según palabras del economista jefe del FMI.
¿Es esto posible? La respuesta del FMI sería que sí en determinadas circunstancias, entre las que habría que añadir a las ya señaladas otras dos no menores. La primera, que los proyectos de inversión pública estén bien identificados. La segunda, que la deuda pública tenga inicialmente margen de aumento sin reacciones adversas del mercado.
Ambas condiciones son muy razonables, pero lo que parece más incierto es su plasmación en la realidad. Seguramente, los candidatos entre países desarrollados serían EE.UU., a cuya administración le falta el apoyo del Congreso, y Alemania, a la que el Fondo pide que apoye la demanda de la Eurozona.
Es cierto que la recuperación en los países desarrollados es lenta; pero también que en algunos lugares la situación se ve ensombrecida por deuda pública y privada en máximos históricos, por una política monetaria con menor tracción y por disfunciones en la capacidad productiva (más que falta de demanda).
Hubiera venido bien que el FMI revisara sus estimaciones de multiplicadores fiscales. Tal vez se hubieran hecho así más explícitos los riesgos de empujar sólo con la inversión pública, en qué países sí se podría y en cuáles no tanto. Y, sobre todo, igual no hubieran dicho que hay almuerzos casi gratis sin decir dónde los sirven.
*Jorge Sicilia, Economista jefe del Grupo BBVA.