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¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales. Eduardo Galeano
Don Eduardo: usted escribió que este mundo está patas arriba, que en español significa al revés, en la olla, sin sentido, en contrasentido, en contravía. Aún no hemos visto lo que usted vio porque se metió en las entrañas del lenguaje indígena y escuchó rumores de esclavitud, de sangre derramada en nombre de lo que Saramago llamó “el factor Dios”. Usted no se dejó meter en la fila de los buenos per se o de los malos y ya. Optó por no estar en ninguna fila o, mejor, propuso otra fila, la fila de los que levantan la voz de la inconformidad porque vio lo que nosotros no hemos podido. Usted vio que el fútbol es un arte poético, una discusión infinita sobre los colores que se parecen a los valores que expresan los jugadores con un balón: lenguaje que convoca como no convocan ni los políticos ni los extremistas ni los dogmáticos ni los pregoneros de ilusiones. El fútbol es una fuerza extraña que resiste y apasiona porque no tiene definiciones exactas, es un asunto del azar y de las circunstancias, a pesar de sus malhadados dirigentes. El fútbol, como juego de la vida, es ingenuo arte de la invención, por eso produce tanta animadversión entre los intelectuales, porque la invención es sospechosa, es una enfermedad de almas atormentadas. A usted lo salvó el fútbol de una catástrofe precoz, le dejó la oportunidad de leer sobre estrategias: la estrategia de 22 jugadores que en cada partido entretejen un manifiesto del fútbol en el estado más primigenio de la lúdica: jugar para conocer al otro, vencerlo y darle un abrazo al final porque hay revancha en el próximo “cotejito”, ese que se vive como duelo pero que termina como amistad y solidaridad. Usted les mostró a los intelectuales que el fútbol es un fenómeno que recrea uno de los pocos rituales ancestrales que perviven: la competencia en franca lid, a pesar de las artimañas de quienes van al fútbol a “vender y comprar” sus propias miserias en nombre de un fútbol que perdió su dignidad: una tragedia que se hace ver como comedia y después como caricatura. Don Eduardo: usted decidió morirse antes de ver esta estruendosa caída de los dirigentes de la FIFA, quienes fueron llevados de sus tronos de oro hacia unos barrotes que están cubiertos de otros oros. Usted decidió morirse para no ver la ética y la estética derruidas por decisiones de quienes jamás han pisado una gramilla de fútbol; se bajó de las gradas del estadio para no ver cómo se hunde el fútbol en una de sus peores épocas, precisamente, en la que todo está dado para habitar fútbol. Don Eduardo Goleano: gracias por advertirnos que sin el fútbol el mundo estaría más satap abirra.
*Juan Carlos Rodas
rayuela138@hotmail.com