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El enemigo externo

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La idea de buscar un enemigo externo que garantice los niveles de cohesión nacional es una estrategia que se ha multiplicado en los últimos años y tiende a reaparecer en la medida en que se reviven tensiones.

Venezuela ha insistido en la injerencia nociva de Estados Unidos, e incluso se ha señalado a Colombia. Lo cierto es que la actuación de Washington en la región en este sentido no ha sido afortunada y ha servido para justificar la paranoia de algunos regímenes.

Históricamente, Estados Unidos estuvo habituado a intervenir en la política del continente cuando sentía sus intereses amenazados. De manera indirecta, legitimando golpes de Estado como en Guatemala en 1954 contra Jacobo Árbenz o en 1973 en Chile contra Salvador Allende. O también participando de forma más directa, como en la operación militar que terminó en el arresto del general Manuel Antonio Noriega en Panamá. Estos hechos han servido para alimentar una retórica de la izquierda latinoamericana, que promueve una hostilidad o desconfianza hacia EE.UU. Para empeorar la situación, el escándalo de espionaje en algunos países latinoamericanos revivió los temores de una injerencia indebida.

¿Tiene razones objetivas Venezuela para denunciar un papel indebido de Estados Unidos en su crisis? Los antecedentes históricos mencionados no favorecen la imagen de Washington. A esto habría que añadir la forma como reaccionó frente a la crisis en Ucrania. Una comunicación de la alta funcionaria del Departamento de Estado, Victoria Nuland, refiriéndose a la situación en ese estado en términos que evidencian una participación activa del lado de la oposición, puede incidir para que cuadros del chavismo insistan en que algo similar se gestiona en Venezuela.

¿Cuántas intervenciones ha justificado Estados Unidos en el mundo, apelando el principio de la legítima defensa o en cuestiones humanitarias? O incluso en la propia Colombia es constatable que el uribismo empieza a convertir a Venezuela en tema de debate electoral, confirmando así los réditos que se desprenden de deformar la imagen del vecino. Coinciden chavismo y uribismo identificando en el otro a un enemigo para ganar unidad interna.

Entretanto, la región debe advertir sobre dos riesgos que implica la intervención de terceros o la internacionalización de la crisis. Intervenir en Venezuela puede agravar la crisis y lo segundo simplifica en extremo lo que allí sucede. Lo que ocurre en el vecino país es suficientemente grave como para politizarlo en favor de un proyecto político externo y que en nada tiene que ver con el interés de reconciliación que debe primar en Venezuela.

Mauricio Jaramillo Jassir *

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