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Santa Fe fue el mejor equipo durante todo el año, pero en un partido se podía perder todo.
Y anoche se perdió la oportunidad de sumar otra estrella en apenas un año.
Con todo, Wilson Gutiérrez ya está en la historia. Nunca imaginé hace casi dos años, cuando llegó a tropezones al banco del Santa Fe, que fuera a ser quien le devolviera el prestigio a este rojo del alma. Hoy, con el título de Liga hace un año, de Superliga en enero, este lamentado subcampeonato y una linda Libertadores, Wilson Gutiérrez ha grabado con todos los méritos su nombre en la historia del equipo.
Todo en él es diferente. Un señor, ante todo. Y no lo digo porque lo conozca, que no, sino por la serenidad que transmite incluso en los momentos más difíciles, o más calientes, o más injustos. Nunca se le ha escuchado una palabra de más, un irrespeto a sus jugadores, a los contrarios, al fútbol. Y así como Wilson es su equipo, con un fútbol sereno, pausado, respetuoso, pero seguro de sí mismo. Y, lo más importante, de mucho corazón, como debe siempre ser un Santa Fe.
Wilson ha sido el gran intérprete del fútbol cardenal. Por aquí pasaron grandes técnicos, muy exitosos en otras partes, que sin embargo no lograron comprender que Santa Fe es una manera de entender el fútbol. Para siempre quedará ese sello que Wilson le ha puesto al fútbol como lo tiene que jugar el Santa Fe.
En medio de esta tristeza por el título malogrado, los santafereños estamos agradecidos con este tremendo equipo que nos ha llevado a sitios no soñados hasta hace poco. Pero por encima de todo y de todos, yo, a usted, Wilson, señor, le estaré por siempre agradecido.