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“El gol nuestro de cada día”

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El gol nuestro de cada día es el título de un libro sobre poemas de fútbol cuyo compilador es Francisco J. Uriz y editado por Vaso Roto. En nuestro contexto latinoamericano hacemos alusión al pan nuestro de cada día.

Pan y gol se convirtieron en dos almas gemelas porque están metidas en las entrañas del ser humano. Cada mañana circula el pan en tiendas de barrios, supermercados, casas del pan y ventas ambulantes. El pan caliente, el pan de múltiples formas, pero siempre el pan para vivir. El gol de cada domingo, lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, pero con la esperanza del gol, de todas las formas, aromas y en canchas, estadios, calles, montañas y ríos. El gol caliente, frío y desértico. El pan no puede faltar en las recetas de abuelas y abuelos, pero el gol no falta en las narrativas de ambos. Ibán Yarza escribió su libro Pan casero como un homenaje a los panaderos del siglo XXI.

Con el gol sucede algo similar. Dante Panzeri, Luciano Wernicke, Alfredo Relaño, Vladimir Dimitrijevic, Juan Villoro, Osvaldo Soriano, Gonzalo Medina, Beatriz Vélez, Eduardo Sacheri y Julio Frydenberg le han dedicado páginas inmemoriales al “golecito de mi Dios” y desde perspectivas antropológicas, sociológicas, culturales y humanas. El fútbol mueve las mismas masas que el pan, la hogaza estética huele a gol, huele a pan recién sacado del horno.

Pero también hay pan flojo, débil, con mal sabor, vinagre, corrompido. En fútbol hay reventa, goles podridos, infectados, goles de apostadores, de políticos y de imposiciones extradeportivas. El pan se endurece cuando no se saborea a tiempo. Pan es todo, gol es todo en fútbol. Por ello existe el pan ácimo, aflorado, agradecido, bazo, bendito, cañón, boda, pistola, proposición, salvado, tierra, eucarístico, perdido, pintado, subcinericio, engañar y de cada día, entre otros.

(Quien no crea que acuda a la lectura de los recetarios dedicados al pan). El gol: golicidio, goliclínica, goleta, Goleano… bueno hay goles de todas las hormas, pero creo que el más sonoro, el más sentido, el que aparece en la boca de quienes convierten es el “¡gol… hijueputa!”. No importa si es bello, estético, con la mano, con la cabeza, pero ese gol es el rey de todos los goles, porque con él se han ganado campeonatos, se alzan copas mundiales, de barrio, de cuadra o de amor. Este es el gol nuestro de cada día, el más fonético y semántico de los gritos: ritual de bautizo que pierde su sentido primigenio y se convierte en invocación de dioses. Oración de resurrección y encuentro. Un domingo sin gol es un pecado mortal o un pan viejo.

rayuela138@hotmail.com

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