Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Cuando escuché a la ministra de Cultura hace unos días en la radio, hablando de la Fundación Nacional Batuta, tuve la impresión de que ella piensa que excelentes administradores, pero al mismo tiempo poseedores de conocimientos profesionales sobre la música, especialistas en conseguir fondos y también apasionados por la educación musical, se encuentran fácilmente. Por haber participado en la creación de orquestas, sé que se trata de una tarea casi imposible. Son muy pocos los que manejan los dos temas con comparable destreza. Ocurre en casi todas las áreas de la actividad humana: el cirujano que opera el corazón no administra el hospital, el piloto del avión no rige los destinos de la compañía aérea.
La ministra dice que al maestro Juan Antonio Cuéllar se le acaba el período como presidente ejecutivo de la fundación, pero lo que le recrimina es no haber conseguido más fondos privados. Cuando se mira de cerca (página de la fundación), es claro que el maestro Cuéllar articuló una serie de acuerdos con alcaldías y entes estatales, y con la industria privada, que permitieron un crecimiento aritmético y cualitativo del proyecto en los últimos años. Hoy, decenas de miles de niños se benefician de la implantación de Batuta en los rincones más apartados del país. Muchos de ellos han logrado, gracias a la práctica musical en Batuta, adelantar procesos de reinserción de gran complejidad.
Si lo que se quiere es conseguir más fondos privados, la solución es nombrar un especialista en finanzas para que trabaje al lado del maestro Cuéllar. Muy seguramente se encontrará un mayor número de excelentes financieros que de directores artísticos capaces de tener la visión necesaria para hacer progresar un proyecto de la magnitud de Batuta.
Es el sentimiento de muchos que conocen de cerca la fundación nacional y que están muy preocupados por su futuro. Señora ministra, señores de la junta, por el bien de Batuta, prolonguen el período del maestro Cuéllar.
Adrián Chamorro*