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El laberinto del minotauro

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Así como está, la plaza de toros es un circo vestido de amarillo esperanza (si es que tal color existe) y enmarcado en el precioso conjunto urbanístico de Salmona… tan bogotano como Monserrate o la garulla santafereña y tan frenético como La Macarena misma.

Un redondel hecho de ladrillo e historias que le atraviesan —de dentro y de fuera— y que parecen desprendérsele del ruedo.

No ha sido sólo escenario de inmolaciones taurinas. También allí se presentaron espectáculos infantiles como el de Las Tortugas Ninja, Los Siete Enanitos, y Batman y Robin en versión toreros (por supuesto). Los anteriores, sumados a un robusto cartel de astros musicales entre los que rememoro, por ejemplo, a Charly García, Blanca Gladys Caldas, Vicente Fernández, El Burro Mocho, Jaguares, Ana Gabriel y casi cualquier otro divo o diva rutilante que hicieron vibrar sus burladeros, antes de que la declararan no apta para conciertos. Hoy su estructura exige refuerzos.

La Plaza de Santamaría ha servido, además, como sede a ceremonias políticas, shows teatrales o malabarísticos y masacres, como la de enero 20 de 1956, cuando infiltrados (al parecer del gobierno) arremetieron contra el ‘respetable’ durante una corrida, por haber coronado con sonoras rechiflas a la hija y al yerno de Rojas Pinilla, acantonados en el Palco Presidencial. Como en aquella ocasión los medios se abstuvieron de informarlo vía prensa, por ‘recomendación coercitiva’ de la oficina de propaganda gubernamental, no es inoportuno acordarnos de cuando en vez.

El próximo episodio de Callejeando —serie documental del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, emitida los domingos a las 9 p.m. por Canal Capital— hará de este espacio un inobjetable emblema bogotano resuelto a cambiar de vocación, su protagonista de honor. Conversaciones con simpatizantes y detractores del toreo en Colombia, entre los que se cuentan Antonio Caballero y Chucho Merchán; un vistazo en tres tiempos a este sitio de leyenda, pronto a transformarse en estandarte (y que no suene demagógico) de paz, cultura y reconciliación; la tradicional y muy nostálgica puesta en escena; una mirada cercana a ese laberinto del minotauro bogotano y proyecciones acerca de lo que habrá de ser la vieja plaza, ahora metamorfoseada en teatro de renovación y sonrisas, serán los ingredientes de este nuevo episodio. El domingo desde la Santamaría. Mañana desde cualquier lugar… abajo de Monserrate. 

* Presentador de la serie documental ‘Callejeando’.

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