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El sentido de la palabra

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En Bogotá, la palabra VIP suena estos días de manera diferente con la propuesta del alcalde de construir Viviendas de Interés Prioritario en unos barrios del norte de la ciudad, o sea en los considerados como barrios V.I.P.

No creo que al votar la ley de vivienda 1537, llamada ley VIP, el Congreso haya querido subrayar en 2012 —esta evidencia— que las personas con menos recursos son también very importantes personas… pero en la actualidad, estos dos sentidos resultan pertinentes, al viabilizar la inmensa brecha social de la sociedad colombiana, una de las más desiguales del mundo en cuanto al ingreso…

De qué se trata: construir 372 viviendas sociales en un barrio en donde el metro cuadrado cuesta en promedio seis millones de pesos y en donde los vecinos que se alojan a precio de mercado deban ganar —calculo yo— alrededor de 15 salarios mínimos.

El mismo debate se desató en París con la inauguración de viviendas sociales a dos pasos de los Campos Elíseos, uno de los barrios más prestigiosos de la capital francesa. Les ahorro las reacciones de los parisinos, pues son las mismas en cualquier barrio VIP del mundo.

Vale subrayar que en Colombia tener un techo significa ser propietario, mientras que en la mayoría de los países europeos, en los programas estatales de vivienda social la vivienda se alquila.

En todas las grandes metrópolis la tendencia desde tiempo atrás es construir viviendas sociales en las periferias, generando segregaciones sociales y étnicas. La especulación inmobiliaria ha ido excluyendo de los centros a los habitantes de clases populares y medias, a pesar de las leyes que obligan a tener viviendas sociales en todos los barrios.

Pero Bogotá tiene características muy particulares: el número de habitantes casi se dobló en 20 años y casi la mitad de las viviendas que se han construido durante este período son informales. Eso muestra a las claras la inmensa tarea que gobiernos y sociedad tienen que acometer, pues el déficit de vivienda es real, pero no tanto comparado con la carencia de servicios, transportes, educación, salud y empleos que padecen estos barrios donde vivan también Very Important Persons ignorados por muchos.

Si este debate VIP suena con tanta fuerza a pesar de que en realidad están en juego muy pocas viviendas, es porque nos obliga a pensar en la sociedad en que vivimos y en las ciudades que queremos. En diferentes sectores del centro amplio de Bogotá hay 14.000 viviendas ley VIP en proyectos que no han dado tanto de qué hablar a los medios. Otras decenas de miles se están gestionando en las periferias.

Construir viviendas de interés prioritario es una necesidad. Cómo y dónde, amerita reflexión. Que esta reflexión salga a la luz pública es un buen presagio, sobre todo si permite abrir el debate tan necesario sobre la lucha real contra la exclusión.

* Anne Proenza

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