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Por: Alberto López de Mesa*
Cuando tengo una cita apremiante y me alcanza el presupuesto llamo a Pacho Camargo, mi taxista de confianza. Me recoge en un Kia Cerato 2016, afiliado a “Taxis Tunnig”, un grupo destacado por el lujo de sus carros, la atención al cliente y porque no hablan mal de Uber. Aunque es consciente de que hay inequidad en las condiciones y por eso le toca competir por el usuario con la calidad de servicio.
Yo llamo a Pacho porque ofrece confort, seguridad y sobre todo me resulta esclarecedora la noción del país que lee desde su oficio:
-Los extranjeros –me dice- aprecian más el proceso de paz con las Farc que nosotros. Ayer llevé al aeropuerto a un periodista holandés que visitó zonas veredales en Cauca, Meta y Guajira, y quedó convencido de que la paz con los ex guerrilleros era una de las salidas que urgían en Colombia. Me aseguró que la entrega de armas ha sido veraz y emocionante.
– ¿Has tenido clientes que se opongan al proceso? – le pregunto con capciosidad.
-Por supuesto, la mayoría-afirma evidenciando su decepción-. Muchos repiten sin reflexionar lo que les dicen los políticos que se oponen a los acuerdos: “¿Cómo es posible que a esos asesinos terroristas les vayan a dar subsidio mientras a uno, honrado, si le toca joderse para conseguir la papa?” -se expresa remedando la voz de los fanáticos- “¿Cómo así que esos bandidos van a tener cupos directos en el Congreso?” -retoma su tono de voz-. A algunos les respondo: ¿usted no cree que hace rato el Congreso está lleno de delincuentes? Pero prefiero escucharlos en silencio, porque entre esos fanáticos hay unos que asumen la oposición como fundamentalistas y pueden ser peligrosos.
Pacho lleva en su carro un IPad con excelente y variada música. Me complace con lo que yo quiera escuchar, pero la verdad prefiero picarle la lengua.
– ¿Quién crees que será el próximo presidente?
-¡Debería ser Gustavo Petro!- exclama sin dudarlo-. Va punteando en las encuestas, aunque todos los periodistas traten de negarlo. Le están buscando el quiebre por todo lado y no han podido joderlo.
Veo por el retrovisor su sonrisa emocionada, enseguida dice:
-En realidad los que votan por Petro casi no cogen taxis. Mis clientes son de una clase media manipulada, su opinión es un remedo de lo que oyen en las noticias. En lo único que si sentí una opinión generalizada es en la revocatoria a Peñalosa.
Llegó a mi destino, con la satisfacción de haber escuchado a un buen colombiano.
*Alberto López de Mesa, arquitecto y ex habitante de calle