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Hace algunos años, cuando tocaba escoger la carrera, los que optábamos por el derecho solíamos justificar nuestra decisión en el debilucho y recurrido argumento de que éramos malos para las matemáticas. De pronto éramos malos para todo, pero el cuento sonaba creíble.
No obstante, con el paso del tiempo la vida y los new millenium nos están cobrando la mentirilla, que de pronto no fue tan piadosa, o si no miremos cuantos abogados hay en el país y por qué estamos como estamos. La referencia a estos nuevos genios viene al caso porque si bien en otra época nos descrestaban con latinajos, ahora nos volvieron ignorantes con términos de la ingeniería o muy cercanos a ella, con lo que volvimos a quedar en el mismo despiste de cuando se estaba en 6º bachillerato (no grado 11).
Leer un texto jurídico simple, jamás una providencia de las altas cortes, se volvió una odisea. Todo empieza por la identificación del documento. En lugar de decir Sentencia No. “XX”, viene una clave alfanumérica que parece sacada de una película de ciencia ficción: “Sentencia SU-T-2015-000134-5”. ¿Es acaso esto el verdadero nombre del simpático robot Arturito? Y de los códigos, ni se diga… Antes uno sabía que el artículo 719 del Código Civil, así, simplemente 719, definía el aluvión, pues nuestros románticos profesores siempre vieron en él la vena poética de don Andrés Bello.
Ahora, y a pesar de que en ese momento no tenía tanto poder, nuestro actual fiscal se inventó unos decretos en los que el pinche 719 no es tal, sino que viene a ser algo así como el 2.4.7.5.4.6. Nótese que este numeraco (no paraco) del artículo original no tiene ni las últimas cuatro letras. Pero si eso es con la identificación, imagínense lo que pasa con los contenidos. Suelen iniciar con unos ejes temáticos, que se cruzan con unas líneas transversales, que se agrupan en diagramas de valoración, en aras de identificar la matriz del problema jurídico.
¿Es eso un texto jurídico? ¿¡Lo es!? Es por eso que debemos hacer una reingeniería, fíjense que hasta para dar las soluciones estamos contaminados, un cambio, y por eso hay que acabar con los new millenum y reemplazarlos por jóvenes profesionales que tengan en la cabeza la idea de que lo que hay que hacer no es confundir ni descrestar para cobrar más, sino expresarse claro para que todos, todos los ciudadanos, podamos entender de qué nos hablan. No será acaso esta una forma de ayudar a la paz, para borrar aquello de que: si no puedes derrotarlos, confúndelos.
*Áxel Germán Navas Navas
Magistrado auxiliar del Consejo de la Judicatura.