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Experimento espiritual

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El mundo de hoy es una miscelánea espiritual.

Las leyes de la oferta y la demanda permean hasta el más profundo rincón místico. Casas de colores que ofrecen aromas o ropa elástica cosida a la placidez. Consumo, espiritualidad y verdad parecen las variables de la vida próspera sin que medie discernimiento sobre lo real o lo ilusorio. Receta de un mundo de liviandad y satisfacción inmediata pagada a cuotas.

Cada quien escoge su agarradero. El espíritu está contagiado de métodos de energización rápida, del abrecaminos que despeja todo mal y de las clásicas imágenes de milagrosos santos. Vertientes, ideas y cristalizaciones de un espíritu vestido con sectas y dogmas que promulgan la verdad o los productos y que con los diezmos convierten la caridad en un enriquecimiento ilícito. Estamos ávidos de técnicas, respuestas y amores sensacionales.

La espiritualidad globalizada es de fácil acceso online: libros sagrados, diosas, sonidos, posturas, cremas y purificaciones que agotan las existencias del jazmín y la canela según la época del año. Y es de este mismo popurrí de posibilidades de lo que se nutren quienes tienen un deambular sincero, sin afán y sin fe ciega. Hay quienes levantan sus plegarias más íntimas en los altares de la sencillez o hay quienes se observan para ver si se encuentran lejos de los prejuicios. Algunos escudriñan la ética, se aferran a su lógica o se entregan a la pasión teológica. Hay quienes son religiosos sin ser espirituales o viceversa. Hay quienes se mudan de gurú y comparten su pan; son pacíficos y sonríen. Hay quienes reconocen sus esclavitudes y hay quienes niegan lo que no se ve. Hay quienes hacen poesía con la estrella fugaz. Venimos siendo los mismos de hace millones de años.

La sabiduría de sí, de otros o de un todo infinito no puede ser un itinerario predeterminado. No es circular, ni tiene retorno. No es fijo. No es sólo teoría y no es práctica. No es sólo razón ni corazón. El camino espiritual, con o sin las evidencias del espíritu, es único, es el de cada cual, es de quien acepta sus cargas y de quien hace de su andar un laboratorio cotidiano y se advierte como el propio experimento. Pecado sería no indagar. Pecado es no respetar.

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