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Flujos migratorios hacia Europa se aceleran

Columnista invitado EE
28 de septiembre de 2015 – 10:19 p. m.

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Las autoridades internacionales competentes en inmigración no paran de repetirlo: la magnitud de los flujos migratorios a los que estamos asistiendo tiene pocos precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El origen de estos movimientos es múltiple, pero el destino es común: los países ricos de Europa occidental. Las principales rutas de entrada abarcan el norte de África, Oriente Medio y los países del centro de Asia. El masivo acceso desde los países del norte de África tiene su origen en la caída de las barreras que hasta hace unos años suponían los regímenes totalitarios para los emigrantes subsaharianos.

En el caso de Oriente Medio, la guerra civil en Siria, el conflicto de Yemen y el avance de EI han amplificado significativamente el frente migratorio oriental. En menor medida, los conflictos latentes de Ucrania, el Cáucaso y los Balcanes amenazan con complicar aún más la situación.

De acuerdo a estimaciones oficiales, el número de refugiados que habría entrado en la Unión Europea desde comienzos de año se acerca a los 380.000, una cifra que casi triplica la registrada el pasado año.

Aparte del incalculable coste humanitario, el fenómeno es tremendamente complejo y puede trasladarse a problemas tanto de seguridad como de índole social y económica a corto plazo. La respuesta europea ha de ser coordinada y equilibrada en el tiempo por dos motivos. A corto plazo, la combinación de un número creciente de emigrantes y la delicada situación económica suponen un problema complejo de difícil solución. A largo plazo, Europa tiene un problema de envejecimiento severo que debe afrontar para frenar la pérdida de relevancia económica y geoestratégica. Una respuesta eficaz, coordinada y conjunta que enfrente los problemas de corto plazo, pero ayude a resolver la débil posición demográfica de la vieja Europa, se convertirá en uno de los grandes retos de coordinación en el Viejo Continente para los próximos años.

De momento, los sistemas de alerta temprana están funcionando y se han organizado varias cumbres extraordinarias europeas para afrontar la situación. Habrá que seguir aunando esfuerzos, queda mucho por hacer.

Álvaro Ortiz Vidal-Abarca

Economista jefe de análisis transversal de economías emergentes de BBVA Research

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