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Un plan bien estructurado requerirá de una clara delimitación del rol del Estado y del sector privado.
Es evidente que el Estado es el facilitador para que los mercados financieros existan y funcionen con eficiencia. Mano a mano, se requiere la activa participación del sector privado y, donde ello no sea posible, el Estado podría cumplir un rol subsidiario o más implicado, dependiendo de las instituciones existentes. Esta regulación, si bien deberá alentar la competencia y el uso más intensivo de las finanzas, no puede olvidarse de que opera sobre un sector “neurálgico” para la estabilidad, lo que lleva a no descuidar el buen marco regulador-supervisor de sus actores y actividades.
La educación financiera será fundamental para afianzar la capacidad de elección de los agentes económicos. Se necesitará también que la tecnología en la era digital, con el enorme potencial de procesar información, forme parte activa del proceso de inclusión financiera, facilitando el acceso y uso de la banca. Avanzar hacia la “omnicanalidad”, es decir, la posibilidad de acceder de múltiples formas al sistema financiero, es clave para superar las barreras existentes. En esa línea, los desarrollos recientes con el impulso de la banca móvil, si bien van por el camino correcto, requerirán una buena sintonía con todo lo anterior para que tomen realmente tracción.
Inclusión financiera sí, pero tengamos muy claras las metas y los recursos con los que podamos contar. Tomar decididamente ese camino no es sólo decirlo, sino que hay que hacer que las cosas sucedan.
Hacer que más gente participe en el sistema financiero ha tomado un papel protagónico en las agendas de política, tanto a nivel doméstico como global. Los consistentes hallazgos investigativos que relacionan mayor inclusión financiera con bienestar y crecimiento han logrado que técnicos y políticos coincidan. Claro, coincidir en el objetivo no necesariamente implica estar de acuerdo en el cómo, lo que puede desviarse de la prudencia de un sistema financiero, incrementando sus riesgos. Para evitarlo, es necesario contar con diferentes ángulos de aproximación para que la inclusión financiera no sea sólo un fin en sí mismo, sino una ganancia para la sociedad.
** DavidTuesta, Economista jefe de inclusión financiera de BBVA Research.