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Se aprobó en Bogotá el Plan de Desarrollo 2016-2019, de la administración Peñalosa. En el capítulo Democracia Urbana se incorporaron programas de infraestructura y la suma prevista para el sector es superior a los $40 billones, de los cuales $10 billones se esperan concretar mediante iniciativas privadas. Para dimensionar el reto, una cifra: la inversión en infraestructura y movilidad que se espera en Bogotá para el cuatrienio equivale a los $42 billones que suman los planes de desarrollo de Medellín, Cali y Barranquilla.
El grueso de los proyectos se centra en troncales de Transmilenio, en la primera línea del metro, en mejorar los accesos a la ciudad, así como intersecciones claves para la movilidad. Ya está el Plan, ahora viene el desafío de la ejecución. En buena hora, al frente de las que se encargarán de esta tarea hay directivos y equipos profesionales de las más altas calidades y con compromiso de trabajo. No hay duda, para cumplir las metas del plan se requiere capacidad institucional y gerencia.
Sin embargo, los bogotanos debemos entender que estos megaproyectos, por su complejidad técnica, inician un proceso de planificación y maduración desde el punto de vista de ingeniería que no se debe obviar ni apurar. No podemos repetir las desastrosas experiencias de las últimas administraciones, donde el ciclo político primó sobre el ciclo técnico de los proyectos. Prueba de ello son las obras inconclusas, con sobrecostos y desfinanciadas a tutiplén.
Salvo obras de iniciativa privada, como las vías de acceso a la ciudad, que ya se encuentran al menos en una ingeniería básica, y la troncal de Transmilenio de la carrera 7ª, cuyos estudios se hicieron en la alcaldía Garzón, los bogotanos tendremos que tener paciencia y comprender que muchos proyectos tardarán meses e incluso años en comenzar su ejecución. Es más, dado lo ambicioso del plan y puesto que aún falta encontrar la fuente de recursos, algunas sólo quedarán con los estudios de preinversión, eso sí, listas para ser contratadas por la siguiente administración. En todo caso, generar un banco de proyectos para ejecutar en el mediano y largo plazo sería ya una ganancia, en una ciudad acostumbrada a la improvisación.
*Jorge A. Marín , Vicepresidente técnico de la Cámara Colombiana de la Infraestructura.