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Italia, ¿a dónde vas?

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La victoria de la coalición liderada por Pier Luigi Bersani, tanto en la Cámara de los Diputados como en el Senado, no cabe interpretarse sino como el enésimo fracaso de la centro-izquierda italiana.

Ello, fruto de una fragmentación partidista resultante y de la ausencia de coaliciones factibles en el Senado, donde Berlusconi, muy seguramente, dificultará cualquier posible gobierno centro-izquierdista.

La ingobernabilidad llama a la puerta de una Italia que ha sembrado vientos en la campaña electoral y recogido tempestades tras sus resultados en los comicios. Una campaña electoral nefasta, carente de programas y alternativas constructivas, desarrollada básicamente a través de la televisión y copada por insultos. Una campaña donde las opciones pasaban por dos “viejos dinosaurios” de la política italiana, como Massimo D’Alema a la izquierda y Silvio Berlusconi a la derecha, y en adición a estos, un Mario Monti que se ha hundido electoralmente al ser el exponente, para el imaginario colectivo italiano, de la pérdida de soberanía en detrimento de Berlín y Bruselas, y del diktat de la austeridad.

El verdadero vencedor de los comicios italianos y quien tiene la llave de la gobernabilidad en Italia es un completo outsider de la política, Beppe Grillo, un cómico y actor italiano que con su Movimiento 5 Estrellas —las cinco estrellas son agua pública, movilidad sostenible, desarrollo, conectividad y medio ambiente— ha sabido hacer política en un momento como el actual, de profunda crisis de la democracia.

Grillo debe entenderse como un referente político posmoderno que desde la confusión de los ejes izquierda y derecha ha sabido atraer a buena parte del electorado descontento con el sistema actual. En ello, ha sabido hacer una lectura del distanciamiento desafecto de la clase política italiana y ha optado por una campaña de altavoces, redes sociales y plaza pública, orientada a recoger todo el voto indignado.

La campaña exitosa de Grillo, cuyo partido se ha convertido en el segundo más votado del Parlamento, se debe a un posicionamiento claro respecto de issues hacia los que la democracia italiana parece haber perdido el respeto desde hace mucho tiempo: legalidad, transparencia y honestidad.

Si bien en el laboratorio político italiano todo es posible, que la gobernabilidad pase por la figura de Grillo, de todos modos, no es más que una incertidumbre añadida dentro de un sistema cuya redefinición requiere de una transformación mucho más compleja y profunda. ¡Ay, si Gramsci levantara la cabeza!

* Jerónimo Ríos, Analista político e investigador en ciencias políticas y sociología de la Universidad Complutense de Madrid

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