Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En el principio fue el juego. Por todas partes niños desaforados y titubeantes en un goce del cuerpo en movimiento. Niños tras pelota de trapo, de goma, balón o cualquier objeto pateable jugando como cachorrillos que disfrutan de sus primeros pasos: jugar es vida. Francisco J. Uriz.
¿Existe algún lugar en el que no se juegue fútbol? Pregunta extraña porque su respuesta inmediata parece obvia: “no existe un rincón en el mundo donde no se practique el deporte más popular”. Respuesta, repito, inmediata, pero no acertada. Así como existen agelastas, es decir, seres humanos que no se ríen, también hay lugares en los que el fútbol no existe como deporte. No hay condiciones en los polos, en varias ciudades de la Antártida y alguna que otra isla. El fútbol no se puede practicar en múltiples países por los terrenos y los climas, pero sí hay jugadores de fútbol, hay vestigios de que se jugó: arquitos de hierro, pelotas desinfladas y balones maltrechos. En toda parte hay fútbol y así lo dejan entrever sus rastros. Seguramente no tienen federaciones ni selecciones nacionales, pero sí hay fútbol, hay pasión por la competencia, aunque se enfrenten dos contra dos: el fútbol se juega en la nieve, en el desierto, en el Vaticano, en las montañas, en los riscos, en las islas, en los escarpados más inhumanos y naturales. El fútbol se ha jugado en calles empinadas, en la bocacalle, en la quebrada y hasta en el río. Si en el principio fue el juego, como dice el epígrafe, entonces hay fútbol fútbol, fútbol playa, fútbol sala, futbolito, fútbol para discapacitados, fútbol tenis, futbolín. Fútbol en los colegios, fútbol para recoger fondos, fútbol femenino, fútbol en los lugares más recónditos del universo. Siempre quedan rastros de que hubo partiditos: dos palitos, dos maletines, dos piedras, dos tarros, dos palos de escoba. Los arcos se pintan y se despintan, pero quedan trazos. Fútbol en los geriátricos, en los manicomios, en los nosocomios, en los leprosarios, en las cárceles para hombres y fútbol en las cárceles para mujeres. Fútbol para dirimir conflictos armados, entre barras, entre cuadras, entre bandos militares. Donde no hay fútbol hay tristeza, soledad y días eternos. En toda parte hay trazos y huellas de fútbol: porterías, unas muy elaboradas y otras no tanto, pero canchitas al fin y al cabo. Fútbol en todos los continentes. Pico y monto, escoger el equipo y que ruede el balón. Para chutar basta un tarro, un paquete de confites, un envase de gaseosa. Chutar una tapita hasta la casa, aunque se vaya a la alcantarilla, chutar una naranja podrida, un limón, una papa, así como se chutan las rabias, las alegrías, las soledades y los amores idos. El primer beso se celebra tirando el balón lo más alto que se pueda o contra el muro hasta que estalle alguno de los dos. El fútbol es vida, es un cántico a la esperanza de lo impensado.
*Juan Carlos Rodas Montoya
rayuela138@hotmail.com