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Por: Nicolás Guillot

Umuntu ngumuntu ngabantu”.
Frase en Zulu, Sudáfrica
«Soy porque tú eres, y tú eres porque somos”.

“Ayer lloré todo el día como una Magdalena, me sentía sola”; “Hay días en los que me siento la más abandonada del mundo aquí con mi perro”; “Al principio lo manejé bien, pero ya está empezando a pesarme, mis hijos me hacen falta”; “A mí me toca más duro porque estoy sola, mi familia está en otra ciudad”, son algunos de los comentarios que me han compartido personas que viven solas en Bogotá, durante estos días de confinamiento.

La pandemia ha desnudado otra realidad: la soledad. “Esa sensación subjetiva según la cual a usted le hace falta la conexión social que tanto necesita”, tal como lo define el médico Vivek Murthy, quien fuera consejero presidencial del expresidente Barack Obama para la prevención, la promoción de la salud y la salud pública, en su más reciente publicación: TOGETHER (2020).

Algunos ya la han sentido, otros la están descubriendo por aquello de la cuarentena.

Lo cierto es que tal como lo subraya Murthy en su libro, lo que en muchos casos nos está haciendo falta en este momento es “la sensación de cercanía, el afecto genuino de los amigos, de nuestros seres queridos y de la comunidad”. Y no duda en agregar: “Las relaciones humanas son tan esenciales para nuestro bienestar como la comida y el agua”.

Algunos querrán vendernos la idea según la cual Zoom, Whatsapp, Instagram, Tinder, House Party y Skype, entre otros, constituyen un excelente reemplazo de la interacción humana cercana que tanto nos hace falta por estos días. Sin embargo, si bien ayuda, “la tecnología es, y todo parece indicar que seguirá siendo, un sustituto inferior de la comunicación cara a cara”, sostiene Murthy.

Así mismo, el confinamiento se convirtió rápidamente en el escenario ideal para la industria de los domicilios, especialmente las aplicaciones que se dedican a ello. Y es cierto, una vez más, ayudan. Sin embargo, con el paso de los días es común escuchar a la gente decir que salió a hacer compras para ver gente, porque tal como lo relata Murthy en su libro, esas salidas a la tienda y al supermercado, “contribuyen a nuestro sentido de pertenencia”.

De manera acertada Murthy nos recuerda que “la riqueza de las relaciones humanas radica en la textura de la voz de las personas, sus sonrisas, el lenguaje corporal y los inesperados momentos de honestidad que suelen surgir durante las conversaciones espontáneas”.

#cuandoestoacabe, haciendo alusión a un hashtag publicado recientemente en Twitter, ojalá nos demos cuenta, tal como lo subraya Murthy, “que nos la pasamos compitiendo por trabajos y estatus. Competimos por posesiones, dinero y reputación. Luchamos por mantenernos a flote y estar adelante. Mientras tanto, durante esa cacería descuidamos las relaciones humanas que tanto reclamamos” y nos hacen falta hoy en día.

Cerrando su libro, Murthy relata que cuando recuerda a los pacientes que acompañaba en sus últimos días de vida, sus cuentas bancarias más o menos abultadas, y sus estatus, nunca eran los criterios con los que medían una vida con sentido”.

TOGETHER nos trae de vuelta a lo básico: la interacción humana.

Lectura recomendada.

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