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Por: Lorenzo Villegas
Pintores de carpintería, lavaderos de coches, vendedores de frutas, cerrajeros, recolectores de basura, recicladores, mecánicos, vulcanizadoras, chatarrerías, policías, conductores de carga y buses, transportistas de carnes, escobitas, repartidores de correos, domiciliarios, vigilantes, en fin, todo el que vive del diario está en la calle debido primero a que no tienen ahorros y segundo, a que su trabajo es necesario para que el resto de la sociedad pueda estar confinada. Todos estos oficios y muchos más, que no alcanzo a escribir, son la base de la pirámide.
Leí que no existe la doble moral, tenemos solo una y una ética. A veces faltamos a la ética, otras a la moral y en ocasiones a las dos. La cocinera Leonor Espinosa reflexionó en su perfil social, sobre una foto que mostraba a varios repartidores sentados en un parque reunidos cual picnic; se preguntaba la chef por qué los mandatarios locales se preocupan por unos sectores económicos a los que les impiden comenzar labores y por otro lado permiten que sucedan aglomeraciones de domiciliarios, hasta con la anuencia de la fuerza pública que los observa y no los reconviene.
Lo cierto es que la base de la pirámide, los trabajadores que ganan el salario mínimo o menos, no han detenido sus labores. Desde el inicio del confinamiento vimos vendedores informales, fruteros, carretilleros y demás, que salen a la calle, a veces con su barbijo y otras no, en busca del sustento familiar. Ellos no pueden parar, es imposible, no tienen cómo solventar sus necesidades básicas y nadie se las va a solucionar.
Decir: “quédate en casa”, cuando tienes la quincena asegurada, cuando la empresa te espera o cuando las tarjetas de crédito te permiten darte lujitos, es fácil. Lo cierto es que este renglón de la economía siempre ha sido maltratado, con salarios injustos y jornadas excesivas. “Estudie mijo, para que no le toque barrer calles”, les dicen a menudo, en las casas, a los jóvenes estudiantes.
Según el DANE, para 2018 el 19,6 % de la población del país vivía en una situación de pobreza multidimensional, es decir que su calidad de vida no cumplía con ciertos indicadores que miden su acceso a la educación, la salud, el trabajo, los servicios públicos, una niñez digna o una vivienda. La pobreza multidimensional aumentó 1,8 % en Colombia en los dos últimos años debido a que en 2016 marcó un porcentaje de 17,8 %.
A todo esto, solo tenemos que decir que la base de la pirámide no paró ni parará, porque a fin de cuentas son la base, los que sostienen la economía, los más necesarios para tener en casa lo necesario y cumplir con la cuarentena, pero según parece son los que menos importan.
@lavillegar