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La biblioteca soñada

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La biblioteca, ese espacio donde se almacenan historias, recuerdos y memorias a través de libros, ha provocado siempre un raro encanto y una extraña fascinación.

 Se sabe de un rey asirio, Asurbanipal, que construyó la suya con textos en varios idiomas que simulaba leer frente a sus súbditos. Asimismo el emperador Trajano, gran conquistador de Mesopotamia, se enorgullecía ante toda Roma por la inmensa biblioteca que construyó en su palacio después de obtener libros que su ejército traía de las ciudades en las que adelantaba campañas triunfales.

Los emperadores y los dictadores han mantenido siempre una enfermiza relación con los libros, algunas veces para quemarlos y otras con el propósito de adorarlos. Si es lo segundo, edifican sus propias galerías en las que se sumergen con la intención de soñar el mundo real que gobiernan, aprisionado de manera caótica en las estanterías repletas de enciclopedias y de obras antiguas.

Los escritores no escapan al embrujo de las bibliotecas. Uno de los que más culto les rindió fue Jorge Luis Borges. El autor de Ficciones fue bibliotecario en su natal Buenos Aires y, según María Kodama, quien lo acompañó hasta sus últimos días, quiso desentrañar el misterio que aún rodea la desaparición de la biblioteca de Alejandría, la más grande del mundo de su tiempo, conformada por más de 700.000 volúmenes y destruida en un siglo remoto donde la memoria no alcanza.

Pues bien: Borges es el autor del cuento La biblioteca de Babel, una exaltación de ese espacio que es el universo mismo poblado de libros inimaginables distribuidos en hexágonos transversales, anaqueles, zaguanes y espejos, con la forma de una esfera “cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible”.

El cuento fue publicado en 1941 y desde entonces ha sido calificado como una ficción en la que se glorifica el valor de la biblioteca. Podría decirse ahora que Borges se anticipó a su tiempo en varios aspectos, entre ellos imaginar la gran biblioteca digital a la que, desde hace pocos años, tenemos acceso gratuito.

Ahora, en este 2014, podremos enriquecernos aún más con la Biblioteca Digital Mundial, una página virtual que, al desplegarla, muestra la punta del iceberg del universo borgiano al que se puede ingresar luego y recorrerlo desde América del Norte hasta Asia oriental, donde aparece la historia del guerrero Asahina Kobayashi y los romances y ceremonias relativas al amor en lengua naxi.

La biblioteca, pues, asume una nueva forma que terminará imponiéndose. Será, entonces, como la música de acetato: una añoranza de patios antiguos o un ramalazo de nostalgia directo al corazón de quienes todavía acariciamos los libros de papel pensando que están integrados a nuestras vísceras. Si no lo cree, ingrese a www.wdl.org. Buen viaje.

Jaime de la Hoz Simanca

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