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Al cerrar la frontera e iniciar las deportaciones de colombianos el gobierno venezolano afirmó que esta actitud drástica se debe al contrabando histórico e incontrolable y a la presencia de paramilitares en el territorio venezolano.
Analistas de ambos lados de la frontera reiteraron que la dimensión de la crisis actual se debe al difícil escenario interno de Venezuela, en la etapa previa a celebrar elecciones gubernamentales, y a la difícil situación del chavismo que podría perder espacio importante en esta contienda electoral.
Pero más allá de la coyuntura, es importante reiterar que en la Venezuela poschávez se abrió una fisura irreversible: Venezuela se dividió y se polarizó aún más en su territorio y en todas las partes del mundo en donde haya chavistas y no chavistas, ambos representantes legítimos de una Venezuela que no logra encontrar la ruta para que quepan todos.
En el auge de la crisis, el presidente Nicolás Maduro cumple su agenda internacional y fortalece sus relaciones con la estratégica china. No obstante, lo más impresionante es que desde allá, derrotó diplomáticamente a Colombia en la OEA. La Unasur, declara el presidente Juan Manuel Santos, no es un escenario posible para Colombia.
Sin embargo, es justamente la crisis la oportunidad para que Unasur ayude a encontrar una salida a la crisis bilateral y ayude a sellar las fracturas que persisten en el proceso de integración regional. Si bien la voluntad política es un componente esencial, “es de suma importancia que la integración tenga condiciones materiales, como la complementariedad de las economías y, además, sujetos sociales capaces de llevar adelante las transformaciones requeridas”.
Desde el punto de vista venezolano, la Unasur debería ser el organismo regional, mediante el cual, se encuentre una solución para esta crisis. Desde el colombiano, no tiene la credibilidad necesaria para minimizar la crisis. Algunos segmentos de la sociedad colombiana proponen la salida de la Unasur, un error histórico, diplomático y estratégico. Ningún país con pretensiones de liderazgo abandona su “yo geográfico”. Salirse llevaría a Colombia a un nuevo aislamiento regional que, en cierta medida, debilitaría el proceso de paz. La importancia de la frontera exige de los países involucrados la creación de mínimos mecanismos de confianza, pues el costo de crisis sucesivas es muy alto para los dos países.
Unasur debería aprovechar la oportunidad política, para fortalecerse institucionalmente y ser un verdadero espacio de mediación diplomática regional. Debería conformar un grupo de mediación creíble, imparcial y profesional con las principales diplomacias de la región: Brasil, Uruguay, Chile y Argentina, avalados por Colombia y Venezuela. Justo el viernes los cancilleres de Brasil y Argentina se reunían con su par colombiana y ayer, con la venezolana.
* Analista brasileña.