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Por Sebastián F. Villamizar Santamaría*
Una de las mejores formas para prevenir el coronavirus COVID-19 es no estar con nadie. La cuarentena y evitar el contacto con otras personas parece ser el método más efectivo para prevenir el contagio y son varios organismos internacionales y expertos que piden eso.
¿Pero quiénes pueden en verdad acuartelarse por mínimo 14 días sin que eso tenga mucho impacto en sus vidas? En realidad son muy pocos. Las universidades y algunas empresas pueden hacer teletrabajo, pero muchas otras labores no permiten esa flexibilidad. Empezando por los trabajos de limpieza: si toca desinfectar superficies en las oficinas y lugares públicos, eso lo tiene que hacer alguien “en vivo” y esa persona se va a ver expuesta aún más al virus. Así también los trabajos manuales, que casi siempre son los peor remunerados.
Por otro lado, quienes tienen hijos e hijas tampoco lo tienen tan fácil. Muy chévere cancelar clases, ¿pero cómo hace una mamá soltera para tener a sus hijos pequeños en la casa si ella tiene que ir a trabajar? No hay muchos lugares que estén dispuestos a dar licencias no remuneradas, y mucho menos remuneradas, para estos casos. Además, en lugares como el estado de Nueva York, cancelar clases implica que 100.000 niños se van a quedar sin comida o dónde estar porque no tienen hogar.
Por eso es que el coronavirus, como muchas otras enfermedades, tiene efectos más adversos para quienes no cuentan con el privilegio de tener trabajos flexibles, remunerados o dinero para pagar las camas hospitalarias VIP de la medicina prepagada.
Si la decisión de estar en cuarentena es individual, entonces también parecen ser individuales las consecuencias que eso genere. Dicho de otro modo, que una persona se ponga la camiseta de la cuarentena (que es lo que recomiendan los expertos) no va a garantizar que siga teniendo trabajo o que pueda cuidar de otras personas sin afectar sus ingresos.
Es por eso que la respuesta al virus tiene que tener también un aporte institucional. Las administraciones podrían aprobar programas de licencias remuneradas por la emergencia o también darles a los hospitales más suministros para hacer pruebas y que no colapse el sistema de salud. Las empresas, si no quieren implementar teletrabajo, pueden dar horarios flexibles para que sus empleados no vayan en hora pico en el transporte público.
Es muy fácil echarle la culpa a la gente que no se lava las manos o que saluda de beso, pero el éxito de contener el virus depende también de que se garanticen condiciones suficientes para que las personas puedan tomar las medidas adecuadas. De nada sirve estar en cuarentena y evitar el contacto si igual toca sí o sí ir a trabajar o arriesgarse a quedarse sin empleo. Quienes tienen su situación laboral resuelta por supuesto pueden tomar la decisión de quedarse en la casa, pero a la gran mayoría le toca correr el riesgo de contagio o desempleo si no le dan garantías.
* Candidato a doctor en sociología en el CUNY Graduate Center.