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La hora del mundo en desarrollo

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El 7 de mayo de 2013, sin el voto de Bruselas y de Washington, fue elegido como director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC) el diplomático brasileño Roberto Azevêdo.

Reconocido por ser un eximio negociador, el exembajador de Brasil en la OMC será el primer latinoamericano en ocupar este puesto.

Con el apoyo de los BRICS —Brasil, Rusia India, China y Sudáfrica—, los países árabes, africanos y latinoamericanos lo eligieron, demostrando la fisura entre los intereses del mundo en desarrollo y el desarrollado, pese el tono conciliador del gobierno brasileño al anunciar esta victoria que reafirma el papel de Brasil como un potencial jugador global. En los bastidores del proceso era reconocida la preferencia de Estados Unidos y el Reino Unido por el mexicano Herminio Blanco, responsable por las negociaciones del Nafta y consultor de varios otros tratados establecidos en la región.

Es importante recordar que en 1995 la OMC sustituyó el Acuerdo General de Tarifas y Aranceles (GATT), el mayor acuerdo ya establecido en términos de liberalización. Sin embargo, a partir de 1995 el mundo vivenció un período de letargo de la OMC, sobre todo después del fracaso de la Ronda de Desarrollo de Doha, realizada en Qatar en 2001, reunión en la cual se esperaba por fin que los aranceles europeos fueran disminuidos, como los subsidios agrícolas concedidos internamente por Estados Unidos y Europa a su sector agrícola. Con todo, en esa ocasión la voluntad política de los lideres globales no fue efectiva y todo el mundo asistió taciturno a la imposición de la supremacía de los intereses de las transnacionales europeas y norteamericanas sobre los del resto del mundo, ya que se preveía una suma de US$113 mil millones provenientes del volumen de comercio exterior.

La elección del embajador Azevêdo legitima la alta formación del cuerpo diplomático brasileño, en el que no existen los diplomáticos políticos, lo que favorece la consecución de una política exterior de razón de Estado. Azevêdo sella un triunfo diplomático de Brasil, que ahora tiene en sus manos el poder del árbitro en un juego que no es “de suma cero”. Su habilidad tendrá que establecer un diálogo constructivo entre dos mundos que se reacomodan a la nueva arquitectura de poder, en la que Brasil llega como un “Soft Power”, sin excedentes militares ni económicos, pero con una fuerte capacidad de mediación, anclada en los fuertes cambios domésticos de las ultimas décadas.

Al nuevo director general de la OMC le cabrá el desafío de devolver la credibilidad al organismo, abrir camino para nuevas negociaciones con el objetivo de derrumbar las barreras comerciales en el mundo. Según Maquiavelo, el Príncipe necesita de virtud y de fortuna. El mundo en desarrollo, responsable por más de 50% de comercio mundial, contó con esas dos variables y se impuso en la OMC a pesar del proteccionismo de EE. UU. y Europa.

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