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Hoy es un día oscuro —no hay escape a esa realidad—.
Por Henry Robinson*
Pero por mi experiencia les digo que uno tiene que estar preparado para tiempos difíciles y duros desafíos en el largo camino a la paz. Contrario a las expectativas, en el plebiscito del domingo para aceptar o negar los términos del acuerdo de paz, aproximadamente un 20 % de los colombianos votaron No, mientras que un 19 % votó Sí. Quizás por el tiempo lluvioso el resultado fue lúgubre —la gente sencillamente se quedó en casa—. Así haya sido una definición increíblemente cerrada, el plebiscito se perdió.
Sí, se perdió. No tiene sentido buscar excusas —los que apoyamos el acuerdo de paz perdimos esta ronda—. ¡Pero no nos descorazonemos! No es que los que han rechazado el acuerdo quieran que continúe la guerra, claro que no. Simplemente demandan mejores términos para la paz y, de manera correcta, el presidente Santos ya ha acogido ese sentimiento e invitado al campo del No a tomar parte en una renegociación.
Si me permiten el atrevimiento de aventurar una sugerencia, pienso que una manera de comenzar sería retirar la oferta de lugares en el Congreso para las Farc. Valoro que esas sillas vinieran sin votación, pero el público claramente pensó que eso era un paso muy grande demasiado pronto. La elegibilidad de los miembros de las Farc, y cuándo, es algo que debe decidir el público.
Lo cierto es que no existe un prototipo para terminar un conflicto de 52 años. No existe una solución fácil. Y no creo que nadie en sus cabales vote por una guerra eterna. Creo que la gente ha visto lo que para mí es claro: que el pesar y las disculpas de las Farc fueron muy pocos y llegaron demasiado tarde. Es más, ellas no ayudaron a su causa calificando sus disculpas, sacando excusas a su violencia.
Y sin embargo, no hay escapatoria. Es un retroceso, pero nada más que eso. ¿Entonces qué viene ahora? Cada uno debe levantarse, sacudirse el polvo y seguir adelante. Porque Colombia quiere la paz. Y Colombia necesita la paz.
Juan Manuel Santos no puede hacerlo solo, pero necesita reafirmar una autoridad renovada sobre el proceso; necesita escuchar a la gente y reconocer las preocupaciones que han expresado claramente. Por otra parte, es importante que no permita que los partidarios del No suban demasiado alto la vara a las Farc, al punto que no sea un acuerdo de paz sino una humillación y una rendición, algo que ellos sencillamente no van a aceptar.
¿Cuál es el punto de empujarlos al borde del abismo? También se podría mandar al Ejército a la selva o a donde se escondan, masacrarlos como a los Tigres Tamiles en Sri Lanka, y anunciarle al mundo que Colombia será una nación en conflicto permanente.
¡No! Lo que creo que debe pasar es esto: A las Farc no se les deben otorgar sillas en el Congreso. Se las deben ganar como cualquier otro candidato —de hecho, como las guerrillas de Irlanda del Norte, que fueron finalmente forzadas a renunciar a las balas en favor de los votos y, para ser elegidos, a hacer reparaciones apropiadas a las víctimas—. Sé que se promocionaron las reparaciones de las Farc, pero el día antes de la votación era demasiado tarde para tener algún impacto. Ahora las Farc deben proceder a las zonas de desmovilización como un acto de buena fe. Y sí, un nuevo acuerdo se debe negociar sin demoras. Pero este debe ser firmado, exclusivamente, cuando se haya llevado a cabo una nueva refrendación. Puede ser por temprano en enero del año entrante. Y esperemos que para entonces, con el país enteramente consciente de las posibilidades, ese No se convierta en un sonoro Sí.
Después de todo, la alternativa es: Guerra, Guerra, Guerra.
No, no podemos permitirlo. Puede que se demore un poco más pero finalmente Colombia alcanzará una duradera ¡Paz, Paz, Paz!
* Exintegrante del Ejército Republicano Irlandés (IRA).