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Hay datos de datos y estudios científicos de estudios científicos. Señala Yohir Akerman, en una columna de El Espectador de febrero de 2015, que tenemos derecho a pensar lo que queramos, pero que no debemos citar estudios científicos y datos sin que sean ciertos.
Y esto a raíz de que la senadora Viviane Morales afirmó que hay investigaciones científicas que muestran que los LGBTI no pueden adoptar. La verdad es que tenemos derecho a opinar lo que queramos, pero también a citar las investigaciones que nos provoque citar.
El problema y la belleza del asunto es que hay datos de datos, estudios de estudios y profesores de universidades de profesores de universidades. Pocas cosas son tan cómodas como la posición de “eso dice un estudio”, “eso dice el profesor [ponga el apellido exótico que quiera aquí]”, “esto dicen los datos”. Y pocas cosas son tan peligrosas, como lo muestra el caso de Morales. Así que más vale que nos cuidemos de los benditos estudios y de los benditos profesores.
No es nuevo que tendemos a ver y a darle importancia a la evidencia que confirma nuestros prejuicios y a ignorar la que los contradice. Y tampoco es nuevo que los estudios científicos y los datos son otra arma más en el arsenal retórico de las ideologías. ¿Invalida esto los datos, las investigaciones científicas y el trabajo de los que se dedican a este oficio? No. Pero sí debemos ser precavidos y tratar en lo posible de desarrollar un gusto sofisticado por este tipo de argumento. Ojalá no olvidemos que también son argumentos y que también son objeto de manipulación retórica.
La clave está, creo, en mantener un nivel prudente de duda y en tratar de diferenciar entre estudios. Nunca tendremos certeza de que los datos y los argumentos de los “estudios” son del todo ciertos. Al fin y al cabo no es tan difícil trabajar en un “centro de estudios” o sacar un artículo “académico” (¿no dirigía un actual senador un “centro de estudios de seguridad”?).
Por ejemplo, una práctica prudente en el difícil arte de no dejarnos engañar por las investigaciones y las cifras de otros es una tan obvia como mirar las fuentes. En línea con el argumento de Akerman, no es lo mismo el concepto de un profesor aislado de la Universidad de la Sabana que el de la Academia Americana de Pediatría, según el cual no pasa nada si los LGBTI adoptan.
Entonces, siempre que alguien nos ponga al frente datos o estudios para ganarse un punto tratemos de mirar de dónde vienen. De no hacerlo, corremos el riesgo de que prosperen posiciones como las de Viviane Morales, cuando salió a hablarnos de “ciencia”, o la del profesor de la Universidad de la Sabana que nos dijo que no, que los LGBTI no pueden adoptar, que eso dicen los datos.
*Nicolás de Roux