La respuesta

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«Hagamos a nuestro planeta grande de nuevo”. Maravillosa respuesta la del presidente francés, Emmanuel Macron, a la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de retirar a su país del Acuerdo de París. “Estados Unidos le ha dado la espalda al mundo”. Grandes palabras las de Macron. Pero hubo mejores, como las del alcalde de Pittsburgh, Bill Peduto. 

Entre los argumentos que dio el presidente Trump para salirse del Acuerdo de París estaba que él había sido elegido “para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, y no a los de París” y que retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París beneficiaba directamente a los habitantes de la ciudad del acero. 

Y entonces, desde adentro de los Estados Unidos, vino la respuesta del alcalde Peduto. Primero le recordó a Trump que en su ciudad votaron, en su mayoría, a favor de Hillary Clinton y luego dijo que, como alcalde de Pittsburgh, “puedo asegurarles que seguiré las directrices del Acuerdo de París por nuestra gente, por nuestra economía y por nuestro futuro”. 

Luego le siguieron otros alcaldes, demócratas como él, que se han opuesto a Trump en este y otros temas. Y luego vino la sociedad civil. La necesaria sociedad civil. Y es que de eso se tratan las palabras del alcalde Peduto: de llamar a la resistencia ciudadana ante la estupidez de los gobernantes. De acabar con esa tonta idea de que ante los abusos no hay nada que hacer. 

Y respecto al calentamiento global esto es central. Porque se asume muchas veces que la respuesta al cambio climático viene, exclusivamente, de los gobernantes de cada país. Y no. Los ciudadanos tenemos que recordar que hemos sido nosotros, como consumidores, quienes hemos alimentado este sistema tan injusto con el medio ambiente. 

Y que, por eso mismo, tenemos un mayor poder del que creemos tener, para hacerle frente al calentamiento global. No hay que esperar a que, por cosas del azar, un ambientalista llegue a la Casa Blanca. Basta empezar con medidas coherentes por parte de todos y cada uno de nosotros. Empezar a relacionarnos mejor con nuestro entorno. 

Porque se nos hincha la boca criticando a Donald Trump, pero pocos hacemos algo por el medio ambiente. Y, de nuevo, no es solo reciclar o usar bicicleta. Es también ponerle freno a ese consumismo desmedido que ha puesto a la producción por encima de la sostenibilidad ambiental. El boicot, por ejemplo, puede ser un camino. 

Dejar de comprar ciertos productos que no sean amigables con el medio ambiente o que quienes los producen no sean respetuosos con la naturaleza. Y, en cambio, comprarles a quienes demuestren su compromiso con el cambio. Por ejemplo: a campesinos y pequeños productores. Eso sin hablar del necesario tránsito hacia energías limpias. 

Esto ha funcionado en otros casos. Por ejemplo, para presionar a la Sudáfrica de antes de que Mandela llegara al poder, de cuando el Apartheid era ley. O para presionar al Apartheid moderno: el israelí. Ahora esto mismo puede hacerse para presionar al gobierno de los Estados Unidos, desde adentro y desde afuera, a que se comprometa con el cambio. 

Pueden decirme qué iluso. Les recuerdo que eso mismo les decían a quienes creían que un empresario, casi analfabeta, iba a llegar a la Casa Blanca. Y ahí está: llevándonos a todos por el despeñadero. Hay que hacer algo distinto a quejarse por Facebook o echarle la culpa a Trump. Hay que dejar el consumismo o, por lo menos, involucrarse con un consumo consciente. Y hacerlo ya. 

Juan Sebastián Jiménez Herrera

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