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La reciente muerte de 11 miembros del pueblo wiwa por causa de un rayo que cayó sobre un centro ceremonial en la Sierra Nevada de Santa Marta produjo consternación en el país.
Este sentimiento de solidaridad con su tragedia se deriva tanto del número inusual de fallecidos y lesionados como del hecho de ser un grupo indígena caracterizado por buscar vivir en acuerdo con los distintos tipos de seres que moran en su entorno y que conforman aquella esfera del mundo que Occidente define como “naturaleza”.
Los wiwas son, junto con los koguis, arhuacos y kankuamos, uno de los cuatro pueblos indígenas que tienen en la Sierra Nevada su territorio ancestral. Ashintukua, en San Juan del Cesar, es considerado la capital del pueblo wiwa por su importancia histórica, que asocia el origen de este grupo humano con dicho lugar. La fundamentación de la autoridad política, material y espiritual se encuentra en la llamada ley de origen o ley de Sé. Este es el principio espiritual de la existencia. Sé materializó el mundo de manera armónica, pues todo se construye primero en el pensamiento. Para poder materializarlo se pide permiso tomando aquello que se necesita y pagando tributo por todo cuanto existe: el agua, los árboles, las lagunas, las piedras, la lluvia.
Corresponde a los mamas velar por el cumplimiento de la ley de Sé. El término mama, y no “mamo”, en la lengua damana quiere decir: sol, abuelo, calor. Sus esposas, mujeres de gran conocimiento, son llamadas sagas, que quiere decir: luna, abuela. Ellas son la base del conocimiento de sus esposos. Los mamas unen las dimensiones espirituales y materiales del ejercicio del poder.
Lamentablemente, no sólo los fenómenos meteorológicos afectan al pueblo wiwa. La historia de su territorio está caracterizada por la aparición cíclica de períodos de violencia que llevan a procesos de desintegración social como a la dispersión de la población indígena de sus tierras originales. Los investigadores de este grupo amerindio consideran que menos de la mitad de la población wiwa habla hoy perfectamente su lengua y muchos de ellos se han convertido gradualmente en campesinos. Por otro lado, las características geográficas de la Sierra hacen de ella no sólo una región estratégica y una despensa de recursos para las grandes ciudades de la Costa, sino también un refugio en el que se han reproducido las economías y actividades ilegales de la coca, la guaquería, el secuestro y el contrabando.
Kuimangui, el rayo, envió un enérgico mensaje. Por ello figuras emblemáticas del pueblo wiwa, como Ramón Gil, lo han interpretado y han pedido a las autoridades de los cuatro pueblos unificarse espiritualmente, pues se encuentran divididos, y planteado al Gobierno que los apoye en una reunión de los cuatro sabedores que dure siquiera un mes. Más doloroso aún que la tragedia vivida es que sólo por su ocurrencia los medios de comunicación y el resto del país vuelquen su atención hacia este sabio pero vulnerable pueblo originario.
*Weildler Guerra Curvelo
wilderguerra@gmail.com