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La UE y la dimisión de Tsipras

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La dimisión de Alexis Tsipras como primer ministro griego es un acontecimiento que no debe sorprendernos.

Es un ejercicio de responsabilidad política. Sobre todo, una vez que la principal cuestión que lo elevó a la presidencia, que era la negociación de una deuda del 185% del PIB con la Unión Europea, ha distado mucho en sus resultados de las promesas inicialmente planteadas.

Tsipras construyó un discurso de la situación griega totalmente legítimo y, en buena medida, coherente con una realidad política, económica y social socavada por las políticas de austeridad impuestas desde Berlín. Políticas que, orientadas a reducir el gasto social y gravar a la clase media, empobrecieron el país en unos niveles impensables. A Tsipras, asimismo, hay que reconocerle un ejercicio de seriedad política y compromiso social por resolver una situación que, recordemos, Pasok y Nueva Democracia, y no Syriza, habían generado.

Sin embargo, no se puede obviar un error de cálculo respecto de qué necesitaba Grecia, cómo podía conseguirlo y, verdaderamente, hasta dónde podía llegar. Tal error se acompañó de una posición crítica y de oposición con una Unión Europea que, liderada por Angela Merkel, finalmente, y dada la asimetría de las posiciones negociadoras, impuso unas severas condiciones. Condiciones que, además de desvirtuar la posición encabezada por Tsipras, y refrendada por la población griega, garantizaban la llegada del escenario que hoy se presenta en Atenas.

Y es que, a pesar de todo, en la situación actual de desgobierno que sufre Grecia, la Unión Europea ha tenido que ver mucho en cuanto a su contribución. Distanciada de la naturaleza solidaria de la integración europea, y dentro de un escenario de casi especulación con las condiciones de devolución del rescate, el mensaje que se envía es claro: no se aceptan posiciones fuera de las impuestas por el modelo económico imperante en Europa.

Además, la división interna de Syriza pone la continuidad de Tsipras en el candelabro de la incertidumbre. La capacidad de articulación y cohesión que obtuvo hace tan solo unos meses hoy resulta más compleja. No solo por la pérdida de confianza de sus conciudadanos, sino por la propia posición distante de una Europa que, desnaturalizada, solo en la ingobernabilidad griega encuentra la posibilidad de que retorne otro perfil de gobernantes. Mandatarios, en todo caso, menos díscolos y más facilitadores respecto del alcance y sentido de las políticas económicas que hoy rigen en Europa.

* Profesor asociado de la Facultad de Administración, Finanzas y Ciencias Económicas de la Universidad EAN.

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