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La ventaja abismal de Evo

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Con el resultado de las elecciones presidenciales en Bolivia se rompió una tradición que había prevalecido desde hace varias décadas en el país, que consistía en que los presidentes generalmente tenían un margen de maniobra restringido a propósito de los mecanismos electorales.

La Constitución de 1967 estipulaba en su momento, que cuando ningún candidato lograba la mayoría absoluta (la mitad más uno) en los comicios, el Congreso se encargaba de elegir al presidente (artículo 90). Esto marcaba un amplio contraste con la mayoría de países de América Latina, en los que la segunda vuelta marcaba el desenlace de las elecciones presidenciales (excepción histórica de México).

Los efectos que esta norma tenían sobre el sistema boliviano fueron sobresalientes en la década de los noventa e incluso a comienzos del siglo XXI. Por la forma en que se componía el Congreso, generalmente los presidentes salían de los poderosos partidos tradicionales o bien del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), surgido después de la tragedia de la Guerra del Chaco con Paraguay en la década de los 30, o del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). No obstante, a comienzos de la década de los noventa, una nueva ley de participación popular favoreció el surgimiento de nuevos partidos políticos. Paradójicamente esa ley fue sancionada por el expresidente y acérrimo enemigo político de Evo Morales, Gonzalo Sánchez de Lozada, durante su primer mandato. Esto facilitó no sólo la visibilidad de la llamada causa indígena, sino que permitió la creación del actual partido de gobierno, Movimiento al Socialismo (MAS), plataforma ideológica de Evo Morales, clave en la consolidación del proyecto de la heterogénea izquierda boliviana.

La victoria de Morales en las elecciones de diciembre de 2005 acabó con la tradición del Congreso como árbitro de los comicios y le otorgó la posibilidad al actual presidente no sólo de superar la inestabilidad que marcó la salida abrupta de Gonzalo Sánchez de Lozada (en su segundo mandato en 2003) y Carlos Mesa, sino la convocatoria de una Asamblea Constituyente que terminó redactando una nueva Carta Magna en medio de fuertes tensiones.

Con el resultado de las elecciones, la ventaja de Morales es aún mayor y la oposición fragmentada aún no encuentra el camino para contrarrestar el avance político del MAS. A diferencia de los mandatos anteriores, esta vez Evo enfrenta un desafío mayor por cuenta de una coyuntura internacional que puede alterar el destino de la nueva izquierda latinoamericana. Esto tiene que ver con el descenso progresivo de los precios de los hidrocarburos. Bolivia es el primer exportador de gas del hemisferio y una caída representativa puede tener serias consecuencias en su estabilidad. Morales consiguió en este tiempo dos activos inestimables; la nueva Constitución y la integridad territorial amenazada por la ambición secesionista del oriente. Aun así, los retos futuros pondrán a prueba un tercer mandato con un desgaste acumulado. 

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