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La violencia contra las mujeres que es silenciada por las universidades

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Las instituciones académicas prefieren mantenerlo en secreto y presumir la culpabilidad de las mujeres dando la impresión que el permitir una amistad con un hombre incluye por derecho actividades sexuales.

Los que hemos visto el documental “The Hunting Ground” quedamos asombrados por los relatos de mujeres universitarias víctimas de violencia sexual, en especial el testimonio de Kamilah Willingham. El 15 de enero de 2011, mientras era estudiante de la escuela de leyes de Harvard, fue víctima de un compañero de su facultad, quien alteró las bebidas que compró en un bar para ella y una amiga, como parte de su plan para luego agredirlas sexualmente.

Durante el conmovedor testimonio, la joven expresa que al acudir a la decana de estudiantes de la facultad no encontró apoyo suficiente. Relata que sólo mostró interés en que no se conocieran los hechos, “quiero estar segura sobre todas las cosas de que no hablarás con nadie de esto”. Lo sucedido a Khamilah refleja el mensaje del documental, que la única preocupación de las instituciones educativas en su mayoría es el prestigio y no las víctimas.

Este relato no es diferente a nuestras realidades, violencias contra las mujeres en la vida universitaria entendida dentro y fuera de los campus. En noviembre de 2013, una estudiante de derecho de una prestigiosa universidad privada de Cali fue agredida sexualmente por un compañero de la misma facultad. El agresor fue denunciado penalmente por el padre de la víctima y condenado por la justicia. Sin embargo, las respuestas en un primer momento por parte de la universidad fueron igual que el caso de Harvard; duda, silencio y falta de acompañamiento a la víctima.

De la misma forma que en Harvard la universidad se excusó en que los hechos se realizaron fuera de la universidad, por ello durante el proceso disciplinario interno no existió sanción al agresor sexual, es decir, le permitieron continuar con sus estudios de derecho a pesar de existir una condena judicial.

Hasta acá vemos unas similitudes aunque hay un ingrediente mucho más feroz, la víctima hasta el año pasado fue perseguida y revictimizada por sus propios compañeros de clase por haber tomado la decisión de denunciar a su agresor, manifestándose a partir con el uso de camisetas negras dentro del campus universitario con los lemas: “no más injusticias”. Adicionalmente se crearon grupos en Facebook que decían entre otras cosas: “…en bocas cerradas no entran moscas”.

A pesar de lo visible de la situación, la universidad intervino solo hasta finales del año pasado excusándose en los fundamentos de la libre expresión, que sin duda es incoherente cuando estábamos en un caso de mujer víctima de violencia sexual. El caso de Cali no es único en Colombia, existen hechos de violencias contra mujeres dentro del contexto universitario y que a pesar de ser una epidemia la mayoría se mantienen en silencio. Las instituciones académicas prefieren mantenerlo en secreto y presumir la culpabilidad de las mujeres dando la impresión de que el permitir una amistad con un hombre incluye por derecho actividades sexuales, y digo actividades para no seguir pensando que las violencias sexuales se limiten a la penetración, desmotivando así las denuncias.

Esto ha llevado a que en Colombia no sepamos cuántos casos pueden existir y el Estado no ha investigado, ni mucho menos ha realizado un diagnóstico nacional, como sucedió en Estados Unidos, donde en abril de 2015 la Asociación Americana de Universidades (AAU), con la participación de 150.000 jóvenes, determinó a través de una gran encuesta que uno de cada cinco jovenes ha sido víctima de agresiones sexuales en el contexto universitario. Lo cual llevó al propio presidente Barack Obama el pasado enero a presentar su primer informe con estrategias para poner fin a las agresiones sexuales en las universidades americanas.

Adicionalmente, las universidades colombianas en su gran mayoría no han comprendido que las agresiones sexuales contra mujeres hacen parte del contexto de violencias contra ellas que vive nuestro pais, demostrado en que la mayoría no tiene protocolos de atención a mujeres víctimas de violencia ni promueve dentro de sus oficinas un area especializada para la atención y orientación a mujeres víctimas de violencia, ni tienen campañas educativas para la eliminación de violencias contra las mujeres. Tomando así una actitud cómplice llevada por un anhelo institucional del prestigio por encima de los derechos de sus mujeres estudiantes, fundamentados en que las realidades de violencias contra mujeres son lejanas a la vida universitaria y que es más grave fumarse un porro de marihuana en una fiesta universitaria que una agresión contra una mujer.

*Expersonero de Cali y consultor en derechos humanos

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