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#LaMetaEsPasar

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—Buenas tardes, llamo para averiguar sobre las tutorías en matemáticas, física y química. ¿Cuál es su metodología?

—Sí claro, con mucho gusto —responde un señor en tono amable y refinado—. El primer paso es hacerle un diagnóstico a su hija para determinar el nivel en el que se encuentra, posteriormente se asignarán profesores que sean adecuados a su personalidad.

Esta es una de las muchas opciones que encontré en el mercado de soporte académico. Decidimos acudir a este método porque, a pesar de las diferentes estrategias, no habíamos logrado que nuestra hija mejorara su rendimiento en estas áreas. Las “sanciones” impuestas hasta el momento (no hay permisos para fiestas ni salidas) no habían hecho efecto. Poco sirvieron las horas que invertimos en tratar de entender la nueva forma de factorizar o de calcular la velocidad de una pelota de tenis en caída libre.

Treinta horas de estudio dedicado lograron que nuestra hija saliera adelante y obtuviera buenos resultados en los exámenes finales. La tutoría sirvió. No obstante el resultado, no siento satisfacción. Estamos actuando mecánicamente para cumplir con unos requisitos impuestos por un sistema educativo excluyente y difuso. Mi hija es artista. La creatividad es lo suyo: es escritora, bailarina, actriz, pianista y, sobre todo, diseñadora de modas. Ese es su sueño. Recuerdo que desde muy pequeña llegaba del jardín y se despojaba de su diminuto uniforme quedando totalmente desnuda; luego, curiosa, buscaba entre mi ropa la camisa más suave; le encantaba sentir la seda sobre su piel. No sentía frío, se sentía glamurosa y parecía en estado de éxtasis.

Año tras año los estudiantes se ven enfrentados a aprender cosas que no les interesan porque no están acordes con sus verdaderos talentos. Más que un esfuerzo, se convierte en un sufrimiento permanente cada vez que los profesores escriben fórmulas en el tablero; creo que lo que realmente ven son jeroglíficos de la Edad Media. La angustia se acentúa cuando se acerca la entrega de notas, a pesar de ser, por lo general, sobresalientes en arte, humanidades o ética. Así que no se trata de no aprender matemáticas, se trata de que no todos interiorizan la información igual. Lo ideal es entender y no simplemente memorizar. No pretendo que se excuse la falta de dedicación o compromiso, sólo que, como padres, estemos atentos a lo que verdaderamente aman desde su edad primera. Sólo así serán leales a sí mismos y profesionales felices.

*Luisa Fernanda Díaz

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