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Esperar, esperar y seguir esperando es lo único que se puede hacer al solicitar la cédula de extranjería en el DAS.
Soy inmigrante y resido en Colombia desde hace un año y medio, tiempo durante el cual he tenido que tramitar este documento en dos ocasiones. Suena sencillo, fácil, y por todos los medios dice ser un trámite sumamente rápido: la página oficial del DAS estima 48 horas para la entrega del documento. Las eternas 48.
En la primera oportunidad llegué a las 8:00 de la mañana a la oficina del DAS ubicada en la calle 100 y estuve hasta las 4:00 de la tarde esperando entregar los documentos para obtener la cédula. “En 48 horas estará lista, sin embargo, antes de venir consulte la página oficial para que confirme que su cédula ya está lista”, me dijeron. Dicho y hecho, a las 48 horas consulté la página para verificar el estado de mi documento. Lastimosamente, no se encontraba listo.
Las 48 se convirtieron en 72 y las 72 en una semana, una semana en un mes y el mes en dos meses, cuando finalmente salió mi número de cédula publicado en la página. Me dirigí a la central a reclamar mi documento, sólo para darme cuenta de que tenía los datos errados: la fecha de expedición y de vencimiento eran exactamente las mismas.
Al percatarme del error me dirigí a uno de los funcionarios y él atendió mi requerimiento, hizo el cambio en el sistema y me dijo que la nueva cédula con los datos corregidos estaría en tres días. Me dirigí a la oficina tres días después a buscarla, pero nuevamente mi visita fue en vano: ahora estaba mal escrito mi segundo apellido.
Nuevamente hablé con el mismo funcionario, quien impresionado del nuevo error se hizo cargo de solucionarlo y encargar otra vez el documento. Una semana tomó esta vez la cédula para estar lista, una semana que se sumó a mis 48 horas iniciales. Recibí mi cédula finalmente tres meses después, sólo para darme cuenta de que me tocaría repetir el procedimiento a los tres meses, ya que la cédula tenía una vigencia de seis. Fue ahí cuando entendí que en el calendario del DAS tres meses equivalen a 48 horas, las eternas 48.
* Las crónicas en este espacio han sido escritas para El Espectador por estudiantes de la revista Directo Bogotá de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana.