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Leer un nuevo libro trae una pequeña maldición consigo y es que olvidamos un poco de los libros anteriores. Sí, se reviven pasajes, hacemos conexiones, pero también se nos va algo al fondo de la memoria. ¿Con qué nos quedamos de un libro? ¿Con su argumento? ¿Acaso con una idea o una imagen?
Yo acabo de leer No soñarás flores (Laguna Libros), el nuevo libro de la escritora Fernanda Trías, y ya estoy pensando en todo lo que no quiero que se me olvide. Por ejemplo, hoy caminaba por Washington Square Park, en Nueva York, y vi que todos los jardines que hasta hace un par de semanas estaban recuperándose de la última nevada ya tenían tulipanes florecidos y que además los había de todos los colores y en un orden desnaturalizado. Pensé en uno de los cuentos, N Astoria Ditmars, y en la idea de que “las flores no florecen, son trasplantadas de un día para el otro por jardineros nocturnos”. Luego tomé un metro y cuando me senté en el puesto de la esquina volví de nuevo a Trías y en “el asiento de los homeless”, porque me hizo caer en la cuenta de que allí en la esquina los he visto dormir en la noche. Cada ciclo de sueño les durará lo que le toma a la línea llegar de un extremo a otro de la ciudad, y hasta que en la mañana desaparezcan al otro lado del túnel, como si nunca hubieran existido.
De Anatomía de un cuento me quedaré, estoy segura, con la naranja que una mujer sostiene con la punta de los dedos, o con una relación amorosa entre dos mujeres y un hombre que se derrumba de la misma forma que una casa mal chueca: “Nuestra vida en común todavía se sostiene en el dormitorio, se enrarece en el living, se agrieta en el comedor”.
Esta obra tiene imágenes que ojalá no se vayan de mi mala memoria con el tiempo y otras páginas. No me importaría olvidar de qué trataba el primer cuento si a cambio me puedo quedar con esa sala habitada por estatuas de papel maché o “sustitutos imposibles” de los difuntos. Los dolientes ven colgado el cuerpo de una muerta que ha perdido su brazo y sólo se nota por dentro “la carcasa hueca de papel de diario”. Ven el cuerpo de un padre de corbata roja, un padre que dejó su olor en las teclas del celular que sin motivo su hija estuvo olfateando. En No soñarás flores se aprecia la habilidad de Trías para construir el encierro y a los personajes encaprichados con él, dispuestos a llegar hasta el final. Cualquiera que éste sea. Tal vez, como dice en otro cuento, “la manera de acostumbrarte a la pérdida es renunciando de antemano”.