Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Por Sebastián F. Villamizar Santamaría
Este martes, la ministra del Interior, Alicia Arango, dijo que en Colombia “mueren más personas por robo de celulares que por ser defensores de derechos humanos”. Según la cifra que dio, los líderes asesinados representan el 1 % de los homicidios del país.
Siguiendo esa lógica de cantidades, entonces uno podría pensar que el Gobierno les va a parar más bolas a los temas en los que haya más gente afectada. El sistema de salud o de pensiones serían entonces los caballitos de batalla, porque nos tocan al 100 %; o de pronto también serían Ituango o Chirajara, que afectan a miles de personas, o quizá los millones de desplazados del país.
Pero no. En realidad el Gobierno parece usar las mayorías a su conveniencia. La reforma pensional, uno de los puntos del paro nacional, sigue en veremos. El sistema de salud sigue siriviendo solo a quienes pueden pagarlo. De Ituango y Chirajara no volvieron a pronunciarse. Y a las víctimas del conflicto armado les pusieron cualquier cantidad de trabas para su reparación por la JEP o reivindicación por el Centro de Memoria.
Ya las ciencias sociales lo han dicho varias veces, pero vale la pena repetirlo: los números no son objetivos. Distintas personas usan los números a su conveniencia, y las declaraciones de la ministra son el último ejemplo de ello. Sabemos que al Gobierno no le interesan las muertes de líderes sociales porque estas siguen en aumento. Las reducen a “líos de faldas” sin tomarse en serio la protección de quienes están poniéndole el cuerpo y la vida a frenar grupos armados y proyectos económicos que invaden sus territorios.
Tan políticos son los números de este Gobierno que cuando los movimientos sociales usan esa herramienta no los terminan escuchando. Por ejemplo, después de todo el trabajo que hicieron los grupos afrocolombianos para mejorar su representación en el último censo, el DANE decidió hacer lo que quiso y ya no aparecen más de un millón de personas negras que sí estaban en 2005.
Hay que aprender a saber cómo se producen los números, quién los crea y bajo qué condiciones. El ejemplo de los celulares muestra que estos no son siempre el criterio adecuado, e incluso deseable, para tomar decisiones políticas. El Gobierno en este caso se escuda en un número mayoritario para borrar la discusión política de fondo de protección de líderes sociales.
Las declaraciones de la ministra no son solo deplorables por sugerir que unas vidas valen menos porque no son tantas, sino también incongruentes porque el Gobierno solo usa los grandes números cuando le conviene. Pero si lo que quiere es números, hay que mostrarle que somos bastantes los que nos sumamos a las causas por las que ya varios han perdido sus vidas y que el Gobierno ve como minoritarias. Podríamos empezar por ir a las marchas por las mujeres este próximo domingo 8 de marzo.
*Candidato a doctor en sociología del CUNY Graduate Center.