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La conquista de la selección sub-20 de Colombia tuvo una característica común con las dos consagraciones anteriores en el torneo, la de 1987 y la de 2005: la capacidad de reacción y recuperación del grupo.
Los dirigidos por Carlos Piscis Restrepo, como en aquellas dos ocasiones, empezaron mal, sin augurar nada bueno, y fueron creciendo paulatinamente, hasta convertirse en la sensación de la final.
Los equipos de Finot Castaño y Eduardo Lara, técnicos en esas dos consagraciones, también empezaron con regular fútbol y poco a poco cogieron el ritmo.
¿Tiene esto algún significado especial? Sí, lo tiene: nuestros atletas, en todas las disciplinas, han aprendido a caer y a levantarse, por orgullo, pero también porque tienen las condiciones requeridas para dar mucho, pero mucho más de lo esperado.
De este equipo sub-20 que ganó en Argentina no se vaticinaba nada. Cuando clasificó como segundo de su grupo, sólo prometía luchar en busca de un milagro. Los tres primeros partidos de la final fueron demoledores, porque los ganó y aseguró virtualmente la clasificación al mundial. El cuarto lo perdió ante Chile, país que se da el lujo de decir que derrotó dos veces al campeón.
La final la disfrutamos todos, porque ante un rival durísimo como Paraguay logró demostrar una casta similar a la de los dirigidos por Pékerman en la categoría de mayores, que es la misma casta que exhiben nuestros mejores atletas, hoy convertidos en modelos en el mundo.
Pero la clase de los futbolistas juveniles colombianos tiene dos elementos propios.
El primero es el resultado del trabajo que adelantan la Federación Colombiana de Fútbol, sus ligas departamentales, los clubes municipales y, desde luego, las categorías menores de clubes profesionales.
El segundo es el medio en el cual juegan. Hasta hace algunos años, los jugadores de las selecciones juveniles de Colombia provenían de las divisiones inferiores de los clubes profesionales y de las ligas departamentales. Hoy, muchos de ellos ya tienen experiencia, porque militan en poderosos clubes. Por ejemplo: Juan Fernando Quintero, pertenece al Pescara de Italia; John Córdoba, al Jaguares de México; Yair Ibargüen, al Olimpia de Paraguay; José David Leudo, a Estudiantes de La Plata, de Argentina, y otros juegan en primera división en Colombia.
Felicitaciones a estos jóvenes, que abrieron el año con una conquista que colmó de alegría a un pueblo que ha sabido querer a sus atletas.
*Ciro Solano Hurtado