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Más armas no salvarán a Irak

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Obama ha hecho lo predecible con el envío de más armas a Irak. Sin embargo, las armas no resolverán un problema cuyas raíces están en la alineación política de sunitas, así como en el socavamiento de procesos democráticos.

Más de 8.000 iraquíes murieron el año pasado. El repunte se atribuye a la filial regional de Al Qaida, el Estado Islámico en Irak y Siria, grupo sunita. Su predecesor, Al Qaida en Irak, libró la insurgencia que llevó al país casi a una guerra civil, antes de sufrir grandes derrotas por parte de grupos tribales de iraquíes sunitas y fuerzas estadounidenses. Desde que EE. UU. se retiró al final de 2011, el grupo ha cobrado fuerza en contra de la seguridad iraquíe, que es incapaz de proteger a la ciudadanía. Funcionarios estadounidenses dicen que el Estado islámico está intentando desgarrar al país.

Al-Maliki buscó ayuda del presidente Obama en la Casa Blanca, lo cual fue un giro diametral luego de que no lograra alcanzar un acuerdo para mantener un pequeño número de efectivos militares de EE. UU. en el país después de 2011, para entrenamiento.

Aproximadamente 75 misiles aire-tierra Hellfire, que serán disparados hacia campos de militantes con la CIA suministrando apoyo, fueron entregados a Irak.

Las armas más letales no tendrán un gran efecto si Al-Maliki y otros líderes iraquíes riñen en vez de unir al país a través de procesos democráticos. Al-Maliki ha sido central para el desorden, ejerciendo el poder a favor de su mayoría de hermanos chiitas a expensas de los sunitas.

Funcionarios estadounidenses dicen que Al-Maliki y su gobierno han demostrado mayor voluntad para trabajar de manera cooperadora con sunitas. Dada su autoritaria duplicidad, es difícil ser optimista.

A medida que distribuye armamento, información de inteligencia y asesoría, la administración Obama necesita presionar a Al-Maliki para que haga más esas cosas, a fin de asegurar que las elecciones de abril sean libres y justas, aunado a comprometerse a adoptar leyes que aborden reclamos de los sunitas. De la misma forma, Obama necesita estar preparado para detener las entregas de armas si Al-Maliki sigue anteponiendo sus propios intereses a los de su país.

*Editorial de The New York Times

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