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Mis Fabulosos

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Una tarde de domingo de hace ya varios años, en las gradas de El Campín, mientras veía jugar a mi equipo, escuchaba cómo desde la tribuna norte la barra brava alentaba diciendo: “Señores, yo soy un comando, con Millos siempre voy a estar…”, con la misma melodía con la que Vicentico, a dúo con Celia Cruz, cantaba “No sé bien qué día es hoy, sólo sé que te vi salir…”, y por mi mente pasaba un profundo deseo de inmortalidad y fantaseaba con el día en que los Comandos Azules cogieran una de mis canciones y le cambiaran la letra para volverla un canto de aliento a mi equipo y así ser inmortal, como Fito Páez con Mariposa tecknicolor, Jorge Negrete con La Adelita y, definitivamente, como Los Fabulosos Cadillacs con Matador, Vasos vacíos o Mi novia se cayó en un pozo ciego.

Es que Los Fabulosos van mucho más allá de las barras que se han creado con sus canciones: ellos son el sueño hecho realidad de toda una generación y de innumerables adolescentes que soñaban con hacer una banda de ska sin tener ni idea de música, porque además el ska era la mejor forma de protestar sin que los adultos se dieran cuenta, porque con melodías alegres y pegajosas y ritmos bailables se podía hablar contra el Gobierno, la religión, el colegio, lo que fuera, y no necesitabas gran nivel musical, sólo la actitud y algún garaje donde hacer ruido tranquilamente. Y, por otro lado, era el mejor género para tocar cualquier tipo de canción porque podías pasar fácilmente de un reggae al estilo de Bob Marley a un punk crudo tipo The Clash con sólo cambiar la velocidad y poner o quitar la distorsión de la guitarra.

Los Fabulosos se convirtieron también en ese gran salvavidas para los rockeros sin causa que en un país rumbero como Colombia nos negábamos a aprender a bailar, porque todos tuvimos que pasar por la época en la que todas las niñas del colegio cumplen 15 años y todas hacen fiestas y uno tiene que ir porque todos van a ir, y entonces ponen salsa, merengue, vallenato y cuanta canción que genere momentos incómodos se le ocurra al dj, porque todos sabemos lo traumático que es sacar a bailar a una niña y más si eres bogotano y aún más si eres rockero, pero entonces en medio de ese infierno de vergüenzas el dj tiene un gran gesto de solidaridad con el grupo de futuros rockstars del salón y se empieza a oír ese redoblante como de banda marcial y un pito como los que se oyen en las batucadas brasileñas y entonces Vicentico grita magistralmente “¡Te están buscando, matador!”, y se escucha casi como una trompeta que llama a la guerra, pero en vez de salir a luchar es el momento en el que dejas las cursilerías a un lado y te juntas con tus amigos en medio de la pista a “bailar” ska, porque aunque Matador tenga la clave de salsa entre estrofa y estrofa, se baila ska, porque Los Fabulosos, más allá de sus cambios, y por más de que toquen cumbia villera, psychobilly o salsa, siempre van a ser para todos nosotros una banda de ska. Va a ser inevitable que a cada uno de los que crecimos con ellos no se nos vengan a la cabeza las miles de experiencias que tuvimos con su música de fondo, y que no sintamos nostalgia y alegría y emoción cuando salten a la cancha el próximo sábado y oigamos nuevamente esa trompeta que nos llama a la guerra.

Alejandro Araújo Larrahondo *

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