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Por Sebastián F. Villamizar Santamaría*
La semana pasada, el presidente anunció el lanzamiento de Coronapp, una aplicación para monitorear los contagios y obtener información acerca de las últimas medidas tomadas por el Gobierno.
Esta iniciativa es como la que hizo la Cruz Roja en Austria, que en esencia es lo mismo: las personas descargan una aplicación en su celular para poder monitorear y reportar casos de COVID-19 y así tener un mapa más actualizado de dónde están los contagios.
Pero el inicio de la Coronapp colombiana no estuvo sin errores, que apuntan a dos problemas grandes que tiene esta aplicación.
El primero es que varios usuarios tuvieron dificultades para descargarla e inscribirse en el sistema. Esto es importante porque pone en duda la confiabilidad de los datos recogidos: ¿cómo nos aseguramos de que no se pierdan datos por el camino o, peor, que haya reportes falsos? Esta pregunta es clave no solo en esta sino en otras iniciativas tecnológicas del Gobierno, como ocurrió con el escándalo de las cédulas y nombres falsos que podían ser beneficiarios del Ingreso Solidario.
Pero más allá de la poca capacidad técnica y tecnológica, el segundo problema es más grave y es qué va a pasar con la privacidad de las personas que usen la aplicación. Para nadie es un secreto que la moneda más importante en internet son los datos personales, que las compañías de celular, correo electrónico, redes sociales y agencias de publicidad canjean por millonarias sumas cuando le damos “registrarse” a cualquier servicio gratuito.
Peor aún, tener servicios de rastreo en el celular permite que muchas personas puedan saber la ubicación de cada quien en cualquier momento, lo cual viola los derechos a la privacidad de los ciudadanos. Nadie puede asegurar que el rastreo que pueda hacer la Coronapp no vaya a ser usado para otros fines, ya sea por el mismo Gobierno o por hackers.
Esta desconfianza no es nueva. Hace unos años, el Gobierno anterior quiso regular el uso de internet con las llamadas leyes Lleras, que hacían del monitoreo una labor de rastreo de qué hacemos y con quién hablamos en la red.
Algunos dirán que esto no sería problema para la “gente de bien”. Al fin y al cabo, el que nada debe nada teme. Pero en un país como Colombia, donde hacer periodismo contra la corrupción o defender la tierra contra grupos armados pone en riesgo la vida misma por las chuzadas y las amenazas, es importante conocer cómo se va a proteger la privacidad de las personas a través de una aplicación que pretende llegar a todos los hogares.
La pandemia debe contenerse y mitigarse, y para eso es cierto que se necesitan mejores sistemas de monitoreo. Pero el riesgo es que ese monitoreo se vuelva rastreo, y ahí es cuando debe ponerse la raya. El Gobierno debe explicar cómo se van a encriptar y proteger los datos de la app, para que el virus de la pandemia no se convierta también en uno digital.
* Candidato a doctor en Sociología en el CUNY Graduate Center.