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Por Cecilia Balcázar
Un compromiso impostergable me impide estar presente en el homenaje a la memoria de Nina. Estas cortas palabras quieren expresar mi admiración por la persona, por la investigadora lúcida que rescató el sentido de nuestra valiosa herencia africana; por la mujer que luchó con denuedo por los derechos de los afrodescendientes y reconoció en nuestra cultura híbrida las huellas de africanía, presentes en nuestra visión del mundo, en nuestro trato familiar, en nuestra manera de sentir y de relacionarnos con los otros. Mi admiración y mi cariño se prolongan en el afecto por Bob, por Nancy, por Greta y sus familias.
Conocí a Nina en un foro de investigación en el Recinto de Quirama, en Rionegro, a principio de los 90, y me admiró su ponencia que versaba sobre la imposible objetividad de la mirada sobre el otro; con la paradoja del observador, con la visión actualizada de lo que constituyó en ese momento el giro de la antropología, análogo al que se daba en todas las ciencias sociales. Presentaba ella allí la alternativa de un enfoque no interpretativo, de una aproximación sensible, poética —con toda la dimensión que el término implica—, a la obra creativa de los individuos y de las comunidades.
Años después de ese foro, recién llegada yo a Bogotá, me invitaron a una reunión de escritores en la casa de Fagua de Bob y Nina, y allí estuve ante la presencia carismática de esta mujer que convocaba admiración y controversia; que reunía a su alrededor a connotados artistas y a literatos ligados la Sociedad Colombiana de Escritores, que ella presidía. A partir de ese encuentro, y también del encuentro con la novelista centroamericana Gloria Guardia, surgió una dinámica y enriquecedora amistad, afianzada en la realización de proyectos literarios comunes, junto con el capítulo colombiano del PEN Internacional que presidía yo en esa época.
Con la ocasión de una investigación desarrollada en el Instituto de genética de la Universidad Javeriana, Nina quiso que amigos y conocidos suyos nos presentáramos como voluntarios para rastrear en la sangre la presencia del factor africano. El análisis hizo patente una prevalencia del factor indígena y en cuanto a su propia sangre descubrió ella, con frustración, que en la suya había un factor genético proveniente de Indonesia.
Al lado de la seria actividad académica, Nina era una mujer de elegancia no convencional, una mujer “opinionada”, como le gustaba decir de nosotras tres, con el intraducible anglicismo; experta gourmet y veterana en celebraciones. Su famoso libro sobre las fiestas en Colombia ilustra su pasión por lo lúdico, y así la recupera mi memoria, al evocar momentos de farsa, de risas, de charadas. Los disfraces surgían de su baúl lleno de vestidos extravagantes de otras épocas, de pelucas y máscaras… La recuerdo, del brazo de Bob —con antifaces ambos—, irrumpiendo con pasos mesurados entre sus invitados, en una inolvidable fiesta de fin de año, bajo el cielo estrellado de Fagua. En otra de las famosas veladas, con la coreografía ideada por ella —apoyada yo en el piano de cola que Bob ha tocado por años con maestría y sentimiento—, recuerdo haber interpretado con cierto pánico la famosa canción de Gershwin: someday he’ll come along, the man I love…
Tuvimos la suerte de asistir con ella, como guía, al carnaval de Barranquilla y entender, tras el teatro que se juega en los desfiles de comparsas, la historia vivida y convertida en metáfora a través de la décadas; las alusiones a hechos históricos codificados en los disfraces y en las danzas. Tras el análisis compartido llegaba la fiesta del grupo, vivida y bailada hasta la madrugada.
Fue una experiencia inolvidable y un privilegio ser su amiga. Gozar de su sincera compañía, de su deferencia, de su lealtad.
Nina permanecerá en la historia de Colombia como alguien que abrió puertas a nuevas visiones de nuestra idiosincracia; que descifró en el fino tejido de lenguajes y narrativas el palimpsesto de la cultura; como una batalladora incansable contra la discriminación y la exclusión; en una lucha quijotesca por derribar los muros de la ignorancia y el dogmatismo.
Desde lejos me uno con emoción al homenaje a su memoria.