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El progreso vertiginoso de las tecnologías de la información ha permitido el desarrollo de nuevos modelos de intermediación financiera basados en el uso de software especializado.
Ese conjunto de tecnologías conocidas como fintech están orientadas al desarrollo de productos y servicios que facilitan el ahorro y la inversión. Dentro del mismo podemos diferenciar tres grupos de compañías. El primero, empresas cuyo objetivo es ayudar al usuario a tener un mejor control sobre sus finanzas personales y ahorrar. Estas empresas se caracterizan por el desarrollo de software que permite categorizar patrones de gasto o proponer estrategias de ahorro.En segundo lugar, las compañías que gestionan carteras de inversión. Estas han desarrollado algoritmos capaces de evaluar el perfil de riesgo del inversor y ofrecer alternativas de inversión adecuadas a sus necesidades. Su modelo de negocio está basado en la automatización y la ausencia de espacios físicos, lo que les permite cobrar comisiones por debajo del promedio de las instituciones financieras convencionales. Y el tercer grupo, el de las empresas que ofrecen servicios de asesoría financiera de manera gratuita a través de internet. Estas compañías no gestionan activos ni custodian ahorros. Su modelo de negocio se basa en promover servicios financieros de terceros, frecuentemente bancos y aseguradoras. ¿Qué implicaciones tiene la aparición de estas empresas para la banca? Contrario a otras innovaciones financieras como peer-to-peer lending o crowdfunding, estas nuevas compañías no representan necesariamente una amenaza. Por el contrario, los bancos pueden incorporar este tipo de servicios a su propia oferta digital, ya sea a través de adquisiciones, asociaciones o bien mediante el desarrollo de este tipo de productos dentro de las propias instituciones. La digitalización de los servicios financieros es una tendencia irreversible. Los cambios para la banca pueden suceder gradual o rápidamente dependiendo de la línea de negocio, del grado de aceptación de nuevas tecnologías, así como la complejidad del marco regulatorio. Sin embargo, la banca tiene que estar lista para responder de manera efectiva a las necesidades de clientes para quienes la tecnología es parte fundamental de sus actividades cotidianas. *Marcial Nava, Senior Economist, BBVA Research EE.UU.