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Nuevo socio: el analista

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Se le puede llamar venganza de los “nerds” al estilo Washington.

Son cada vez más los agentes de la FBI armados y los intrépidos agentes encubiertos de la CIA a los que se les pide que compartan su influencia, presupuestos y hasta su glamur hollywoodense con el humilde y sedentario analista de la inteligencia.

A medida que ambas dependencias confrontan una amenaza terrorista en evolución, ciberataques y otros desafíos, ambas se están reorganizando en formas cuyo propósito es empoderar a los analistas. Eso implica un trabajo delicado de embonar las muy distintas culturas del astuto agente y el analista inteligente.

El mayor desafío sigue estando en el FBI, un tradicional organismo de seguridad del Estado que ha batallado desde los ataques terroristas del 2001 para rehacerse como una dependencia de inteligencia que puede prevenir ataques y no solo investigar crímenes. Se concluye en un reporte sobre los avances en el FBI que, a pesar de un progreso enorme, la Oficina necesita intensificar el papel de los analistas, así como el respeto y los recursos que se les dan.

Mientras que funcionarios de la Oficina han elogiado desde hace mucho la importancia de los analistas de la inteligencia, se concluye en el informe, elaborado por la Comisión de Revisión del 11 de septiembre del FBI, que ella “todavía no los reconoce lo suficiente como una fuerza laboral profesionalizada”. El director, James B. Comey, reconoció el problema y dijo que empoderar a los analistas es uno de sus principales objetivos.

En la CIA, donde los analistas han tenido un papel central desde su fundación, habían trabajado de tiempo atrás separados de los “operadores”, quienes lo hacen en el terreno, en ultramar, donde reclutan agentes. Este mes, John O. Brennan, el director de la CIA, anunció que los analistas y operadores se combinarían en 10 nuevos “centros de misiones”, según el modelo del Centro de Contraterrorismo del organismo.

Las medidas más recientes siguen mejorando continuamente el papel de los analistas de la inteligencia. Hasta las cultura popular se puso al corriente, en la que los analistas se vuelven las estrellas en las películas y los programas de televisión recientes.

El fracaso para prevenir los ataques del 11 de septiembre y el haberse concentrado subsecuentemente en las amenazas terroristas han ayudado a impulsar la nueva estatura de los analistas. El Centro Nacional de Contraterrorismo —que no debe confundirse con el Centro de Contraterrorismo de la CIA— se creó después del 11 de septiembre como una entidad analítica para asegurarse de que cada fragmento de información sobre amenazas se combinara con otros datos para detectar complots.

Otro factor es la explosión de datos en una época de teléfonos inteligentes e internet, como han resaltado los documentos de la Oficina Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés) que filtró Edward J. Snowden. Si bien la NSA siempre ha sido un organismo orientado a los datos, otros necesitan ahora contar con su propia gente cualificada para ordenar y encontrarle lógica al caudal de información.

“Hoy día, cuando tienes un lapso en la inteligencia, por lo general, se debe a que se perdió información crucial en una avalancha de datos”, explicó John E. McLaughlin, un exsubdirector y director en funciones de la CIA.

Notó que si bien siempre se había valorado a los analistas en su dependencia, se los segregó por mucho tiempo en el Directorio de Inteligencia, separado del de Operaciones, que es el que espía. Durante muchos años, un punto de control de torniquete y seguridad en las oficinas centrales de la CIA en Langley, Virginia, separaba a los analistas de los agentes de operaciones.

Dijo también que algunos veteranos de operaciones “pueden angustiarse” por el reconocimiento que los agrupará con los analistas, pero eso tiene sentido. “El papel del analista que une todas las piezas se ha vuelto más crítico porque, simplemente, hay más piezas”, prosiguió.

Después del 11 de septiembre, la CIA le prestó al FBI unos 40 analistas para que tratara de echar a andar la reorientación de la Oficina, notó McLaughlin. Antes del 2001, según la Comisión Nacional del 11 de septiembre, 66% de los analistas del FBI “no estaba cualificado para desempeñar deberes analíticos”. A veces, se recompensaba a las secretarias con una promoción a analista, con labores como contestar el teléfono.

Los orgullosos agentes especiales no siempre veían el valor de los analistas que no necesariamente armaban los casos criminales; la tradicional medida del éxito en el FBI. “Al final de mi carrera, había una tensión de bajo nivel entre los agentes y los analistas”, comentó Jack Cloonan, quien fue agente de la FBI de 1976 al 2001. “¿Quién manejaba el caso?”.

Cloonan dijo que los analistas no siempre compartían “la camaradería y el espíritu de equipo” que tienen los agentes entre ellos. “Los agentes en la calle son agentes en la calle”, dijo, y añadió que todavía oye refunfuñar a quienes fueron sus colegas en la Oficina sobre algunos analistas que ganan más que ellos.

Philip Mudd, un analista de carrera en la CIA, que se cambió a un alto cargo de contraterrorismo en la FBI, en el 2005, dijo que la diferencia en las culturas es asombrosa, y predecible. Recordó el caso de David C. Headly, un estadounidense afiliado a Lashkar-e-Taiba, una organización extremista paquistaní, quien admitió haber buscado blancos para los ataques terroristas del 2008 en Bombay, India. Se detuvo a Headly, se lo enjuició y sentenció a 35 años de cárcel. La tarea más difícil y novedosa que encaró la FBI, una para la cual los analistas fueron críticos, fue determinar si Lashkar-e-Taiba tenía otros agentes en Estados Unidos.

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“Es explorar el mundo de lo desconocido”, dijo Mudd. Al empoderar a los analistas, “Les estás diciendo a los agentes: ‘Van a tener que ceder territorio’”, notó. “Alguien va a decir: ‘Está bien, ¿a cuántos pederastas quieres que no enjuicie para que puedas hacer tu análisis?’”.

Comey, el director del FBI, ha utilizado la analogía de un matrimonio por conveniencia para describir la relación entre agentes y analistas, a los que se ha puesto de pareja, a menudo rápidamente, con poco que opinar sobre el asunto. A veces, los matrimonios de conveniencia terminan con la pareja que vive feliz por siempre. En otras, terminan durmiendo en capas separadas.

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Para forjar mejores relaciones, Comey está tratando de hacer que agentes y analistas tengan “citas” en la Academia de la FBI, donde ahora se les exige que entrenen y practiquen juntos. Comey ha dicho que su esperanza es que un analista de la inteligencia suba a las más altas filas del FBI antes de retirarse.

A algunas personas que estudian a la inteligencia y el contraterrorismo les preocupa que el péndulo oscile demasiado lejos. Los analistas de la inteligencia, dijo Amy Zegart, una académica de Stanford, que estudia a la inteligencia, podrían absorberse demasiado en las operaciones cotidianas y descuidar las ideas estratégicas sobre las amenazas, que podrían estar a años de distancia.

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En la CIA, comentó, los analistas de contraterrorismo son “demasiado tácticos”, están centrados en el siguiente ataque con drones. Si el mismo modelo se aplica ahora al resto del trabajo de la dependencia, otros analistas también podrían quedar atrapados en las exigencias de corto plazo, explicó.

Preguntó: “¿Quién en el gobierno va a estar pensando en las amenazas a más largo plazo?”.

Por: Scott Shane

2015 New York Times News Service

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