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Orgullo y tristeza

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Son los sentimientos que afloran cuando me entero de las desventuras del tenis en silla de ruedas de Colombia, que con mucho esfuerzo y con apoyo financiero gestionado inicialmente en Inglaterra pusimos “a rodar” hace unos 13 años, con la ayuda destacados luchadores que se mantienen hasta hoy como el profesor Sigifredo Hidalgo, de Cali, o Carlos Hernández, el Doc, en Barranquilla.

Por: Fabio Enrique Padilla Castro* Orgullo porque de alguna forma la berraquera que nos caracteriza casi siempre sale a flote. Tristeza porque años y años pasan y los problemas parecen los mismos: falta de planeación, falta de recursos… egoísmo e individualismo que a veces afecta más a los directivos y en otras más a los atletas. Eso hace que los beneficiados en una ocasión terminen siendo las víctimas de la siguiente… y así se repite el ciclo del “sálvese quien pueda” o de “el más avispado se monta al barco… y el que se quedó, se quedó!”, que sólo trae buenos resultados esporádicos con una extraña combinación de suerte, berraquera y “milagros” de los atletas (y de las familias/amigos que apoyan). No es justo generalizar, pero para alguien como yo -que participó de lleno como atleta y organizador- es imposible no criticar la falta de reglas claras y de un sistema que se preocupe más con su propia sostenibilidad y estimule de mejor forma el esfuerzo de atletas y profesionales del deporte que dedican su vida a representar a Colombia en diferentes escenarios del mundo. Nos falta desarrollo para tener una gestión más democrática y proactiva que sepa aprovechar mejor las opciones de cooperación internacional e integrar procesos de bajo costo a nivel local. Es fácil caer en la visión romántica de querer que Colombia siempre participe y se destaque en todos los eventos internacionales, pero cabe la pregunta: ¿estamos usando bien nuestros limitados recursos? A pesar de que las entidades deportivas como el Comité Paralímpico Colombiano y algunas federaciones han venido mejorando su gestión y están prestando más atención a los programas de largo plazo, la falta de patrocinio privado y recursos bien establecidos dificulta la vida de los deportistas, contando en varios casos solamente con la buena disposición y financiamiento que los propios atletas consigan (no sólo para viajes sino también para entrenamientos). Mejorar la transparencia de las decisiones, criterios de selección y  destinación de los recursos ayudaría mucho. Quienes vivimos fuera del país y competimos sabemos bien que esa “tarea no oficial de embajador”  debería ser retribuida de alguna forma … No tener que preocuparse con gastos ni trámites burocráticos sería lo mínimo a espera. Conozco bien a Angie y a Joha desde cuando comenzaron. Son  “colombianitas berracas” que merecen, una vez más, nuestro reconocimiento. (Lea: En Tokio, contra el viento en la cancha y una marea de gastos)   *Excampeón nacional paralímpico, radicado en Brasil. Más en fabiopadilla.com 

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